Estigma en el colectivo y armarización

Salud mental

La salud mental del colectivo se ha conceptualizado durante décadas bajo el paraguas del estrés minoritario, así como con factores de salud específicos para la comunidad. Por otro lado, después de que estallara la pandemia de la covid-19, que pilló de improviso tanto a los sistemas públicos de salud como la estructura propia de los servicios biomédicos, la salud mental se ha convertido en un término paraguas, dentro del cual parece que caben muchas nociones, tan heterogéneas que incluso pueden parecer borrosas. 

En cierto sentido, la salud mental se ha convertido por parte de ciertos discursos políticos hasta en un significante vacío. Hay muchas personas dentro de los oficios implicados en ella, pero sobre todo fuera de ellos, que se aprovechan del auge de la sensibilización en cuestiones de salud mental para sacar beneficios propios, desinformar, promover el intrusismo profesional y banalizar las necesidades reales de las personas mayores del colectivo LGTBI. 

La idea de una salud mental específica de las personas mayores del colectivo tiene que beber de un enfoque interseccional. Eso significa tener muy presentes las particularidades y necesidades de cada persona, así como su posición social (origen étnico, clase social, nivel educativo, diversidad relacional, diversidad familiar, aspectos físicos como discapacidad, tamaño, …) más allá de su sexualidad, identidad o edad. 

Las diferentes intersecciones añaden capas de complejidad. También hacen que no se puedan comparar unos casos con otros. El estigma, además, se sigue arrastrando hasta la etapa madura. Si la persona no se ha aceptado a sí misma del todo, este estigma (llamado estigma interiorizado) pesa aún más, y conduce a las personas de vuelta al armario. Por ejemplo, un hombre gay que se queda sin familia a lo mejor decide volver al armario para poder solicitar una plaza en una residencia, o para no sentirse incómodo frente a las preguntas del personal médico. 

Para dar respuestas coordinadas frente a esa perspectiva tan multifactorial o “variopinta”, se empezó a investigar la influencia del estigma en la salud de los grupos minoritarios. Dependiendo de si pasaban por “normales” o no, o si cumplían con los roles de género establecidos, muchas personas sufrieron bullying en su etapa joven (y a lo mejor siguen sufriéndolo a lo largo de su vida). A este bullying se podía añadir otros tipos de violencia por cuestiones de marginación aún más fuertes, como la agresión física, el abuso sexual, la injusticia institucional, el desprecio emocional, incluso el rechazo propio.

Investigadorxs del campo, como Dominic Davies, empezaron a hablar desde los años 90 de “estrés minoritario” (Davies & Neal, 1996). Por un lado, esta nueva terminología permitió un mayor foco en los procesos de exclusión social. Por otro lado, algunas voces que desarrollaron esta perspectiva condujeron a que se entendiera de forma individual. Eso tuvo como consecuencia la interiorización del estigma en muchas ocasiones. A pesar del debate al que todavía hoy se somete el concepto de “estrés de minorías”, sí es cierto que es una herramienta útil para comprender cómo operan ciertos procesos de discriminación colectiva. El tipo de discriminación que una persona sufre por sus condiciones dadas (como las que se producen con la racialización, la discriminación de género o de orientación) es sistemática y continuada a lo largo de la vida, y produce un efecto específico en las personas que lo experimentan.

Hay veces que la madurez trae consigo una mayor aceptación propia, y un desarrollo saludable en todos los sentidos, pero otras veces no es así. En muchas ocasiones, conforme avanza la vejez, se produce un incremento del estigma interiorizado, ya que la vulnerabilidad es mayor durante esa etapa y, por consiguiente, la percepción de amenaza aumenta también. Es relevante en este sentido ser conscientes de la importancia de crear espacios de convivencia y seguridad para todo el mundo, si no queremos que se reproduzcan armarios otra vez durante la vejez.

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Violencia

Un atentado contra la integridad física y mental de una persona por razones de LGTBIfobia y prejuicio. Las violencias de este tipo están recogidas en la mayoría de países occidentales como delitos de odio, y se sancionan como tales. Más allá de las concepciones legales de la violencia, tienen especial interés sus componentes éticos. Una manera ética de plantearnos la violencia es si entendemos el daño infligido contra la persona como vulneración de su personalidad y su bienestar, y como algo no sólo digno sino preciso de ser reparado con la mayor prioridad posible.

Las microviolencias son otro parámetro relevante. El prefijo micro- no es por menospreciar ni su impacto ni la fuerza de su implementación. Al contrario, es por señalar que muy a menudo son tan sutiles que pueden pasar desapercibidas. Las microagresiones pueden detectarse en comentarios, miradas o movimientos de desprecio, predisposiciones negativas, elecciones que parezcan inconscientes (por ejemplo, la elección de organizar un evento LGTBI pero sin representación de personas intersex), y una larga lista de comportamientos hostiles.

Exclusión

Una serie de prácticas que conducen a ciertas personas hacia los márgenes sociales. Excluir no implica necesariamente desposeer a las personas de oportunidades o recursos de forma activa. En varias ocasiones, funciona a nivel tácito. El sistema que genera las exclusiones no suele ni nombrarlas como tales, ni asumir la responsabilidad sobre ellas. Las personas excluidas, sin embargo, percibirán las barreras a la hora de no poder participar de los espacios públicos, las opciones y las dinámicas cotidianas de la forma que ellas deseen. La exclusión es un elemento necesario para la construcción de la identidad; al fin y al cabo, nos definimos a través (también) de lo que no somos. Pero cuando la exclusión no es simplemente constitutiva, sino que implica la ejecución de violencias, entonces hablamos de exclusión social, de prácticas de silenciamiento, o de estigmatizar la otredad.

Identidad

El ensamblaje de cualidades, actitudes, rasgos de personalidad, creencias y sentimentalidades que se atribuyen a una persona y conforman su comportamiento y autoconcepto. Los aspectos internos, relacionales y sociales/estructurales de la identidad se configuran constantemente a lo largo de la vida. En las últimas décadas en ciencias sociales y humanidades se ha planteado la des-esencialización de la identidad, en el sentido de desvincularla del determinismo biológico y ético a la que ha estado pegada a lo largo de la historia. Modelos intersubjetivos subrayan la necesidad de entender la formación de nuestras identidades siempre en contexto y fluctuación.

Cuidados al final de la vida

El acompañamiento que se recibe en el proceso que conduce a la muerte, e intenta cubrir las tareas prácticas, las necesidades emocionales, la comodidad física, los planteamientos espirituales y demás demandas que surjan en esos momentos. El apoyo puede incluir cuidados paliativos o servicios, medicamentos e infraestructuras especializadas. Suele ser asumido por parte de personal geriátrico y hospitalario, pero también de familias, personas cuidadoras, trabajadorxs sociales y personal auxiliar. Un plan de cuidados se plantea desde una mirada holística, manteniendo presentes todas las intersecciones que afectan la salud de la persona en ese proceso.

Acceso a la atención sanitaria

Las iniciativas que permiten a las personas LGTBI tener una salud integral a su alcance. La cuestión del cómo acceder a servicios inclusivos y específicos ha sido muy problemática durante muchas décadas del siglo XX, sobre todo por la falta de conocimientos y habilidades especializadas por parte del personal biomédico, enfermero, auxiliar y de salud mental. En el caso de las minorías sexuales, este acceso está relacionado con medidas de protección sexual, pruebas de salud y otras estrategias que fomenten el bienestar. En el caso de las minorías de género, el enfoque se pone en cuestiones de salud integral sin restricciones, la distribución de tratamientos hormonales, la elegibilidad sin obstáculos para operaciones, el apoyo psicológico y psicosocial gratuito, y sobre todo para la cobertura de demandas por parte de la Seguridad Social.

Conexiones intergeneracionales

Son los vínculos sentimentales que se establecen entre gente de diferentes edades. Poder sentirse conectadas con las generaciones más jóvenes proporciona a las personas mayores LGTBI una seguridad de que no van a estar solas en la última etapa de su vida, y sobre todo las consuela de su propio valor. Puesto que muchas personas del colectivo no cuentan con nietos, eso automáticamente supone que los lazos familiares intergeneracionales se tienen que cubrir por otras redes o fuentes. Por ello, la existencia de servicios de socialización y de actividades creativas es de suma importancia. Por otro lado, la memoria colectiva de la que son portadoras las personas mayores es particularmente relevante para la historia LGTBI, y para que se mantengan vivas las dificultades, las luchas y las estrategias de supervivencia que han empleado las generaciones mayores.

Identidad de género

Contrariamente a las definiciones típicas que circulan, sobre la identidad de género como el sentimiento profundo o la percepción de la persona respecto a su género, que puede o no diferir de su sexo asignado al nacer, modelos más relacionales de comprender el término ponen el foco no tanto en la determinación o la convicción, sino en los procesos de reconocimiento, aceptación y exclusión que determinan si una persona va a definirse como hombre, mujer, persona no binaria, persona agénero, u otra categoría. En ese sentido, la identidad de género señala procesos de pertenencia o membresía a una comunidad generalizada, mucho antes de aludir a la masculinidad o la feminidad como rasgos psicológicos (Wood & Eagly, 2015). El carácter intersubjetivo de la identidad de género es fundamental para comprender que, independientemente de si una persona es trans o cis, su propia identidad de género va a ser puesta en contexto, y no es un parámetro esencial.

Expresión de género

Se trata de todos aquellos aspectos relacionados con la apariencia personal, la vestimenta, las expresiones faciales, los gestos y demás señales de género, que tradicionalmente han ocupado la masculinidad y la feminidad hegemónicas. Expresiones alternativas (mezcladas o desvinculadas de esos registros) han sido durante gran parte de la historia castigadas, salvo quizá por espacios de escenificación o creatividad artística. La expresión de género está vinculada a los roles de género, es decir las expectativas y estereotipos de conducta, apariencia y elocuencia asignados a hombres y mujeres. Lo drag ha supuesto una revolución en cuanto a la ridiculización de esas inscripciones, y ha planteado el género expresado en términos de juego.

Terapias de conversión

Son métodos de tortura cuyo propósito es modificar la conducta e identidad de las personas LGTBI, precisamente por cuestiones de orientación sexual, identidad o expresión de género. Pueden ser ejecutadas por parte de profesionales de todo tipo, pero lo más frecuente es que las performen terapeutas, clérigos, autoproclamadas feministas radicales, profesionales de psiquiatría y psicología con visiones antideontológicas, coaches de dudosas credenciales formativas, entre otros. Lo importante es que no cuentan con legitimidad o evidencia científica, sino que se basan en prejuicios de contagio social de la sexualidad y las identidades minoritarias. Como terapias de conversión se han registrado métodos como el electroshock, la medicación forzada, el rezo, el aislamiento obligatorio, la humillación, determinados tipos de hipnosis, abusos físicos, exposición aversiva a estímulos desagradables, chantajes y desafíos, y otras torturas. Muchas legislaciones no las contemplan ni las prohíben, dejando espacio a impunidades y perpetuación de malas prácticas. En España hay muchas denuncias sin resolver al respecto (ver Castro, 2022).

Privilegio

El privilegio se produce al ocupar un lugar aventajado en la sociedad, en relación a los parámetros de redistribución de recursos y reconocimiento social y cultural. El privilegio opera en parámetros materiales y simbólicos, es dinámico, contextual y depende de varias coordenadas. Por ejemplo, una persona puede ocupar un lugar aventajado según los parámetros de la clase social, pero sufrir por ejemplo episodios de misoginia o de racismo por habitar lugares de subordinación en los ejes de género y sistema racial (ver interseccionalidad). El privilegio se relaciona también con la agencia, la credibilidad, la capacidad de autodeterminación y la voz propia. Las personas que disfrutan de privilegios, generalmente, son ignorantes de los mismos, siendo los ejes de opresión los que marcan las resistencias y fricciones sociales.

Afirmación de identidad

Es un conjunto de prácticas, tanto cotidianas y sociales como profesionales, que facilitan la autoaceptación respecto a la identidad/expresión de género u orientación sexual. El enfoque afirmativo no es una escuela psicológica, como el psicoanálisis o el conductivismo. Más bien supone un cambio de mirada para respetar la perspectiva y agencia de la propia persona. Ese giro en la mirada está asociado a cambios de paradigma de atención en salud, sobre todo mediante el enfoque basado en la persona, la competencia cultural y la perspectiva de consentimiento informado en consulta. Sin embargo, se extrapola a otros ámbitos de la vida social, para subrayar la importancia de respetar la autodeterminación de las personas, y de no imponer nuestras propias visiones o concepciones para ellas, sin que ellas den su consentimiento para ello.