La salud sexual tiene aspectos corporales, emocionales, cognitivos y sociales. Una buena salud sexual es indicativa de un alto sentimiento de bienestar, y también de una aceptación a nivel de identidad y del propio cuerpo.

 

Sin embargo, la mayoría de la gente suele rechazar algunas partes de su cuerpo y/o su sexualidad, o mostrar insatisfacción por ellas. Los cánones de belleza, por un lado, y la falta de aceptación propia por el estigma que muchas arrastramos, por otro, hacen que abrazar nuestro cuerpo tal y como es, devenga un poco más difícil. Muchas personas, por ejemplo, sufren de edadismo interiorizado. Las personas mayores del colectivo a menudo piensan “no me merezco una vida sexual”, o “a mi edad no me debería importar mi satisfacción sexual”. Por otro lado, las personas adultas jóvenes a menudo juzgan la etapa de la vejez, la temen y la llenan de significados negativos. Es frecuente que se retroalimente la idea de que las personas mayores no son merecedoras o capaces de mantener una vida sexual activa, y de esta forma se refuerzan prejuicios y estereotipos negativos sobre la sexualidad y la vejez.

El miedo o la vergüenza de acceder a espacios LGTBI-friendly es otro factor a tener en cuenta. Las distintas experiencias generacionales sobre la sexualidad generan una distancia entre la percepción de lo sexual y el deseo en jóvenes y mayores. Existe miedo a salir por la noche o a la calle y experimentar discriminación por salir en zonas de ambiente, espacios de los que generalmente las personas mayores se sienten expulsadas. Igualmente, que no haya otros lugares en los que las personas se puedan sentir a gusto consigo mismas, expresando libremente su identidad de género u orientación sexual, puede conducir al aislamiento y a una soledad abrumadora.

El duelo por la pérdida de una pareja puede también interferir en la socialización en la tercera edad. Si una persona ya no tiene su punto de referencia cotidiano, y se siente desolada por la muerte de un lazo tan importante, por un lado no se siente con las ganas de conocer a más gente, y por otro tiene que atravesar su propio dolor. La codependencia que se establece entre cónyuges o miembros de pareja se rompe, y el resultado suele ser negativo para la parte que se “queda atrás”.

¿Cómo acompañamos a las personas en esa travesía por el luto? Primero, apoyando en la conmemoración de la persona perdida. Segundo, evitando imponer nuestro programa, nuestros tiempos de “curación” e “inserción social”, nuestras expectativas sobre el duelo y su trascendencia. Tercero, abriéndonos a escuchar sin juicios y sin invalidar los sentimientos de la persona. Es cada vez más complicado ofrecer nuestro tiempo a la escucha de las personas mayores, sus historias y sus anhelos del pasado. Pero es cada vez más imperativo avanzar a esa dirección, generar espacios, compartir ratos.

Los factores estructurales que influyen en la salud sexual en tercera edad se pueden resumir en los siguientes puntos, pero no de forma exhaustiva:

 

  • LGTBIQfobia interiorizada
  • disparidades de salud
  • impacto en salud mental
  • autonomía reducida
  • nostalgia por lo hecho o anhelo por lo que no se ha hecho en la vida
  • trauma histórico

 

Por todo ello insistimos en la misma idea: nunca es tarde para iniciar un proyecto de vida, plantearnos objetivos, ponerlos en común y comenzar a dibujar nuestro futuro. ¿Has pensado en tu proyecto de vida? Recuerda, puedes participar en nuestro cuestionario “¿Qué seré de mayor?”, compartir cuáles son tus datos, particularidades y preocupaciones, es una manera de empezar a pensar en ti, desplegar tu propio mapa y comenzar a diseñar una etapa de envejecimiento saludable, tranquilo y acompañado en comunidad.

Soledades y salud

La soledad está muy intrincadamente implicada en los procesos de vejez. Hay personas mayores en el Estado español que mueren en sus casas sin que nadie se entere en varios días. La covid-19 agudizó esos hechos, por razones y con consecuencias que ya conocemos de sobra. En residencias de tercera edad, se calcula que ha habido en el periodo del confinamiento entre 32910-35120 muertes sin presencia de seres queridos (Comas Herrera et al., 2020; en Moscoso et al., 2021).

 

Como realidad, la soledad era de sobra conocida, pero a la vez invisibilizada. En el modelo neoliberal de consumo y trabajo, la lógica de dejar los cuidados de las personas mayores a manos de residencias o de centros de tercera edad se ha normalizado, incluso en culturas con una fuerte tradición de lazos familiares como los países mediterráneos.

Destapar el silencio y el fracaso social de proveer cuidados y atención para las personas mayores cuesta, porque hay muchos mecanismos que operan para justificar la decisión de abandonar a la tercera edad. Imaginémonos a una persona trabajadora, en cuyas manos recae la responsabilidad de cuidar de su familiar vulnerable de ochenta años. Los ritmos de vida, las exigencias laborales, y toda la estructura social van a hacer que la decisión de pausar y acompañar al ser querido sea inviable o, al menos, muy complicada y llena de sacrificios (de tiempo, energía, dinero, etc.). Sobre este tema hay planteamientos teóricos muy interesantes, que proponen un cambio en la mirada sobre los cuidados. Además de profesionalizar el sector desde otros ángulos basados en la atención integral, el acompañamiento personal y la escucha activa que contemple siempre la participación de la persona en el proceso, se propone la urgencia de un cambio a nivel social sobre el propio concepto. Revalorizar los cuidados , ponerlos en el centro de la vida, de la preocupación social para destinar recursos y apoyos, es fundamental para generar una nueva narrativa sobre este valor tan importante de la corresponsabilidad y copertenencia social.

 

Aquí tienes algunos recursos para ampliar sobre este tema:

www.undp.org

loscuidadosenelcentro.es

pikaramagazine.com

Aceptación

El proceso de reconocimiento social que se basa en asumir las diferencias y la otredad, y no solo tolerarlas sino validarlas. Eso supone lidiar con sentimientos de frustración y asumir que no tenemos poder para controlar o modificar aquellas partes de las otras personas que no nos gustan o no son afines a nuestras expectativas.

Estigma

La devaluación de una persona o un grupo social por ser portador de una cualidad o identidad despreciable por parte de la mayoría. El estigma se puede manifestar con ataques, insultos, prejuicios, actos discriminatorios, y demás modos. Es posible que tenga carácter anticipado también, aventurando potenciales rechazos antes de que o sin que ellos realmente se materialicen. Es difícil que las personas salgan del registro del estigma, puesto que incluye creencias muy arraigadas. La comunidad LGTBI ha sido durante mucho tiempo asociada a la peligrosidad, la marginalidad social, la enfermedad, pero también la tentación, el hedonismo y el contagio. El cuerdismo o mentalismo, es decir la tendencia a pensar que todas las personas son (deben ser) faltas de trastornos mentales o problemas cognitivos.

Discriminación

El tratamiento injusto contra el colectivo por razón, en nuestro caso, de orientación sexual, identidad y/o expresión de género. Esa distinción es injustificable, opera de forma estereotipada y generalizada, y tiene efectos severos en la salud mental de la gente que la sufre. Aunque en muchas ocasiones se puede nombrar, la discriminación no es siempre detectable ni tratable, y hay todavía muchas resistencias e ignorancia a la hora de combatirla. Las microagresiones son una forma de discriminación que se expresa sútilmente, pero a la vez tienen un impacto directo y muy profundo en las personas.

Relaciones de familia

Las relaciones de familia de las personas LGTBI son más proclives a ser desafiadas. Aunque cada vez más familias aceptan a sus miembros con sexualidades, identidades y expresiones no normativas, sigue habiendo mucho prejuicio, secretismo y dificultad en aceptar esos aspectos. Por ello, muchas personas LGTBI a menudo construyen sus propias familias elegidas para contrarrestar los vínculos familiares rotos o tensos, y para sustituir el sentido de pertenencia que no se le ha podido ofrecer en su infancia y adolescencia. También estamos evidenciando nuevos modelos familiares, donde la gente progenitora pertenece al colectivo. Esto ayuda a la redefinición de la noción de familia, que va transitando igualmente hacia modelos más flexibles.

Desafíos del cuidado

El principal reto de salud concerniente a nuestro colectivo son las crecientes desigualdades, debidas al elevado número de factores de riesgo, en combinación con otras intersecciones asociadas a la identidad LGTBIQ. Muy a menudo, las personas renuncian a ser vistas como dependientes, mientras que otras no se consideran merecedoras de ser cuidadas. El cuidado es un trabajo altamente feminizado, que en las últimas décadas se asume cada vez más por centros de día, servicios residenciales y profesionales de enfermería especializados; con lo cual hay mucha carga en su empeño, y a menudo se renuncia a ejercerlo. De los desafíos más grandes actualmente es volver a plantear cuidados desde la interdependencia, sin ceder plenamente las funciones a inteligencias artificiales ni perder de vista las complejidades de nuestra comunidad.