Placeres y disfrutes

Salud sexual

El chemsex es una actividad que mezcla el sexo con el consumo de sustancias (sobre todo metanfetaminas, poppers, sildenafilo, entre otras). Se distingue de otras prácticas por su carácter privado (se suele practicar en casas) e intencionado (búsqueda activa de las sustancias). 

Se ha experimentado un auge del fenómeno en los últimos diez años en los grandes centros metropolitanos, donde el anonimato choca con la creciente visibilidad del colectivo. Sobre todo se da entre hombres gays de cierto poder adquisitivo, sobre todo por el coste que tienen las sustancias que se consumen. Pero esto no quiere decir que no haya sesiones con sustancias menos costosas (ej. marihuana), que otros miembros del colectivo no las practiquen, o que no haya existido esa mezcla de sexo y sustancias en otros momentos históricos.

Los riesgos asociados al chemsex se explican muy bien en la siguiente serie de vídeos, donde además se explican tanto la terminología que se suele emplear en el mundo del chemsex, como también los efectos de las sustancias que se implican en él. 

El chemsex requiere de una desintoxicación y un acompañamiento para que las personas puedan tolerar los efectos post-exposición. Ya hay consultas especializadas que tratan casos de chemsex en hombres gays. Sin embargo, no tiene sentido ser condescendientes con la gente practicante, puesto que eso puede generar más aislamiento y exclusión social

Una concienciación pública sobre el tema tiene que verse acompañada de una reflexión sobre la cultura neoliberal de consumo, la alienación y la falta de intimidad no mediada, o el estigma que siguen sufriendo los miembros del colectivo a la hora de expresar y vivir su sexualidad. Además, las políticas por implementar no sirven si atienden el fenómeno de forma aislada, por ejemplo mediante sesiones de terapia individual. Es importante que hablemos del chemsex de forma colectiva, que haya diálogo sobre esa necesidad de desahogo sin límites o veredictos, y a la par esa mistificación del fenómeno sin empatía.

Cabe preguntarse entonces por qué hay personas que ya consideran que las prácticas de contacto social y sexual, asociadas necesariamente al consumo, son las únicas opciones para relacionarse, para disfrutar o para tener sexo. Sin caer en el punto de tachar el chemsex de directamente nocivo, o de juzgar a aquella gente que lo elige como parte de su ocio, es importante reclamar aquellos espacios de disfrute que no tengan componentes de adicción. 

Aquí tienes un documental de la Dra. Álvarez, dentro de su serie de Paseos ConCiencia, que contiene testimonios de profesionales y de participantes del Chemsex: 

paseosconciencia.com

Lo más importante para una sexualidad saludable es tener acceso a la información, a toda la educación sobre prácticas sexuales y prácticas de consumo que sea posible. Es la mejor manera de poder tomar decisiones informadas y disfrutar de unas relaciones con la comunidad, el entorno y la sexualidad de forma consciente, autónoma y plena. 

La responsabilidad afectiva, concepto en el que han indagado personas queer, trans y LB, sin quitar por completo de la lista a hombres gay, es clave para poder desarrollar relaciones sin componentes de consumo. Además, es un término que fomenta prácticas consensuadas y mutuas, evitando el disfrute rápido y sustituible que le pega al mundo neoliberal en el que estamos inmerses. 

Disfrutar nos ha hecho sentirnos mal durante gran parte de la historia de nuestra comunidad. Cualquier acto con componentes lúdicos (danzas, quedadas, fiestas) tenía que verse acompañado de un castigo, un secreto, una ocultación, una tortura. Que no se nos olvide que la revolución de Stonewall surgió de la interrupción de una fiesta en un local de Greenwich Village. ¡Retomemos los espacios lúdicos! 

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Estigma

La devaluación de una persona o un grupo social por ser portador de una cualidad o identidad despreciable por parte de la mayoría. El estigma se puede manifestar con ataques, insultos, prejuicios, actos discriminatorios, y demás modos. Es posible que tenga carácter anticipado también, aventurando potenciales rechazos antes de que o sin que ellos realmente se materialicen. Es difícil que las personas salgan del registro del estigma, puesto que incluye creencias muy arraigadas. La comunidad LGTBI ha sido durante mucho tiempo asociada a la peligrosidad, la marginalidad social, la enfermedad, pero también la tentación, el hedonismo y el contagio. El cuerdismo o mentalismo, es decir la tendencia a pensar que todas las personas son (deben ser) faltas de trastornos mentales o problemas cognitivos.

Redes de apoyo comunitario

Las relaciones que consiguen paliar las rupturas familiares de muchas personas LGTBI. Generar una sensación de pertenencia y comunidad entre nosotrxs es importante, puesto que tenemos necesidades tanto sociales como de salud o de trabajo que son distintas a la mayoría, y que por más que haya alianzas solemos cubrir entre iguales. Los valores de apoyo mutuo y de participación ciudadana facilitan que estos lazos sean horizontales -sin que eso signifique que sean siempre así. Estrategias queer de apoyo comunitario cuestionan la idea de que los lazos tengan que ser fijos y permanentes, apostando, al revés, por la fugacidad y utilidad en el momento.

Exclusión

Una serie de prácticas que conducen a ciertas personas hacia los márgenes sociales. Excluir no implica necesariamente desposeer a las personas de oportunidades o recursos de forma activa. En varias ocasiones, funciona a nivel tácito. El sistema que genera las exclusiones no suele ni nombrarlas como tales, ni asumir la responsabilidad sobre ellas. Las personas excluidas, sin embargo, percibirán las barreras a la hora de no poder participar de los espacios públicos, las opciones y las dinámicas cotidianas de la forma que ellas deseen. La exclusión es un elemento necesario para la construcción de la identidad; al fin y al cabo, nos definimos a través (también) de lo que no somos. Pero cuando la exclusión no es simplemente constitutiva, sino que implica la ejecución de violencias, entonces hablamos de exclusión social, de prácticas de silenciamiento, o de estigmatizar la otredad.

Educación inclusiva LGTBI

Los contenidos de una educación inclusiva no se definen de forma cerrada, sino que fluctúan según las necesidades y experiencias de cada contexto particular. Cuando hablamos de diversidad e inclusión en el aula, en entornos educativos más generalmente, o en ámbitos de especialización profesional, nos referimos a una educación sexual integral y adaptada a las necesidades (cognitivas, emocionales, contextuales) de cada grupo. Que lo LGTBI figure como apartado especial aparte o contenido suplementario, anexado a conocimientos “normales y corrientes” perpetúa la lógica de que se trata de un tema que no es transversal. Una educación inclusiva real suprime esos prejuicios, e integra las diferencias de manera activa y crítica.

Cisheterosexismo-cisheteropatriarcado

La palabra trata de unificar ejes de opresión que, por importante que haya sido tratarlos de forma separada a nivel analítico, se mantienen pegadas y operan en conjunto. La versión “predeterminada” de corporalidad e identidad implica el alineamiento entre sexo asignado al nacer (pongamos que masculino), identidad de género (hombre cis, en este caso), expresión de género (viril) y orientación sexual (heterosexual). Dicho de otro modo, los cuerpos se suelen presuponer de cierta índole, y si algún aspecto suyo sale de esos cánones de congruencia, se vigilan, se aíslan, se corrigen y se ratifican. El problema con el cisheterosexismo es que suele pasar desapercibido, y que cuesta mucho esfuerzo revelar y deconstruir sus premisas. Sus premisas normativas (de ahí que hablemos de cisheteronormatividad también) llegan a definir toda la vida social generizada y sexualizada actual.

Identidad de género

Contrariamente a las definiciones típicas que circulan, sobre la identidad de género como el sentimiento profundo o la percepción de la persona respecto a su género, que puede o no diferir de su sexo asignado al nacer, modelos más relacionales de comprender el término ponen el foco no tanto en la determinación o la convicción, sino en los procesos de reconocimiento, aceptación y exclusión que determinan si una persona va a definirse como hombre, mujer, persona no binaria, persona agénero, u otra categoría. En ese sentido, la identidad de género señala procesos de pertenencia o membresía a una comunidad generalizada, mucho antes de aludir a la masculinidad o la feminidad como rasgos psicológicos (Wood & Eagly, 2015). El carácter intersubjetivo de la identidad de género es fundamental para comprender que, independientemente de si una persona es trans o cis, su propia identidad de género va a ser puesta en contexto, y no es un parámetro esencial.

Expresión de género

Se trata de todos aquellos aspectos relacionados con la apariencia personal, la vestimenta, las expresiones faciales, los gestos y demás señales de género, que tradicionalmente han ocupado la masculinidad y la feminidad hegemónicas. Expresiones alternativas (mezcladas o desvinculadas de esos registros) han sido durante gran parte de la historia castigadas, salvo quizá por espacios de escenificación o creatividad artística. La expresión de género está vinculada a los roles de género, es decir las expectativas y estereotipos de conducta, apariencia y elocuencia asignados a hombres y mujeres. Lo drag ha supuesto una revolución en cuanto a la ridiculización de esas inscripciones, y ha planteado el género expresado en términos de juego.

Características sexuales

Son las características biológicas relacionadas con el sexo asignado al nacer, y se suelen dividir entre gónadas (glándulas sexuales o gametos), cromosomas (XX, XY, u otros) hormonas (estrógenos y andrógenos), características externas primarias (genitales) y secundarias (Nuez de Adán, pechos, caderas) del sexo. Se prefiere dicha terminología, puesto que marca un distanciamiento con las perspectivas esencialistas de entender el cuerpo y sus funciones. Entender el sexo como multidimensional no es por desvalorizarlo; de hecho, no es que los estudios de género atenten contra él, o deseen su desaparición. Al contrario, revela que haber insistido históricamente en su uniformidad ha sido un acto ideológico.

Afirmación de identidad

Es un conjunto de prácticas, tanto cotidianas y sociales como profesionales, que facilitan la autoaceptación respecto a la identidad/expresión de género u orientación sexual. El enfoque afirmativo no es una escuela psicológica, como el psicoanálisis o el conductivismo. Más bien supone un cambio de mirada para respetar la perspectiva y agencia de la propia persona. Ese giro en la mirada está asociado a cambios de paradigma de atención en salud, sobre todo mediante el enfoque basado en la persona, la competencia cultural y la perspectiva de consentimiento informado en consulta. Sin embargo, se extrapola a otros ámbitos de la vida social, para subrayar la importancia de respetar la autodeterminación de las personas, y de no imponer nuestras propias visiones o concepciones para ellas, sin que ellas den su consentimiento para ello.

Orientación sexual

La orientación sexoafectiva ha sido un campo de debate en la ciencia occidental, sobre todo a lo largo del siglo pasado. Una cuestión que ha provocado muchas discusiones al respecto ha sido el origen de las sexualidades disidentes o no normativas. La preocupación del discurso dominante en ese sentido se podría reducir en la pregunta: ¿cuál es la causa de la homosexualidad (o la bisexualidad, o toda sexualidad que no sea la “normal”)? ¿Es adquirida, entonces moldeable, o genética? Según la teórica Eve Kosofsky Sedgwick, estas preguntas son erróneas, porque no interrogan nunca el por qué la heterosexualidad se queda a salvo de estas mismas preocupaciones. En su lugar, propone otra distinción: ¿se vive la sexualidad, sea ella heterosexual, homosexual, bisexual, etc., de manera universalmente compartida, o se trata de una experiencia extremadamente individual?

Por otro lado, ¿qué se entiende como orientación sexual, cómo la valoramos? ¿Se define por nuestros actos, por nuestras inclinaciones químicas o preferencias culturales, o es una identidad? Preguntas como estas preocuparon a teóricxs como Michel Foucault, David Halperin, o la misma Kosofsky. Modelos actuales plantean que la experiencia de la sexualidad tiene componentes biológicos, pero no se puede entender solo por esa vía, sino que es un ensamblaje de factores, único para cada persona, que incluye, cómo no, influencias sociales, lingüísticas, culturales, biográficas, y demás.