Los debates sobre los espacios segregados tienen su origen en la Antigüedad. En la historia contemporánea, los espacios multiculturales han sido repletos de segregaciones espaciales, sobre todo como consecuencia del colonialismo y el Apartheid. Que se segregue a los cuerpos por su genitalidad, cuando el sexo mismo es una noción multifacética, y cuando en realidad la genitalidad no se corrobora (ni falta hace para ello) para el uso de los espacios correspondientes, es problemático. Implica que se sobre-entienda que hay peligros y posibilidades de agresión, intrínsecas a los cuerpos. Por otro lado, la segregación borra las agresiones que sí se cometen dentro de los espacios segregados mismos, por ejemplo dentro de los baños de hombres, cuando hombres que no performan una masculinidad hegemónica son objeto de acoso, maltrato físico y burlas.
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