El deterioro corporal es una preocupación común con el envejecimiento. Hay que tener en cuenta que cada persona tiene una salud muy concreta, y que es muy difícil agrupar condiciones y necesidades, por lo que las intervenciones o las formas de atender a las personas no deben generalizar ni dar por hechas cosas.
Condiciones crónicas: Hay un mayor riesgo de padecer ciertas condiciones de salud crónicas, como enfermedades cardíacas, diabetes, artritis y trastornos respiratorios, debido a factores como el estrés de minorías, la discriminación y las disparidades en el acceso a la atención médica (Correro & Nielson, 2020; Detwiler, 2015; Kittle et al., 2021; Yee Lo et al., 2023). Estas condiciones pueden afectar la movilidad, la funcionalidad y la calidad de vida en general.
Problemas de movilidad: La dificultad para caminar, pararse o usar escaleras, puede ser más común debido a cambios relacionados con la edad, afecciones de salud crónicas o lesiones. Esos problemas pueden afectar la independencia, la accesibilidad y la participación en las actividades diarias y las interacciones sociales. Pueden además agregar capas de complejidad a las intersecciones ya existentes. Si una persona utiliza silla de ruedas, sus necesidades sexuales se pueden ver particularmente afectadas, por ejemplo.
Deficiencias sensoriales: “Discapacidades” sensoriales, como la pérdida de audición o de la visión, pueden afectar la comunicación y la seguridad. Si a eso añadimos los deterioros en el olfato y el gusto como consecuencias masivamente reportadas del long-covid, tenemos un escenario de múltiples dificultades sensoriales. Estos deterioros pueden verse exacerbados por factores como el envejecimiento, las condiciones de salud crónicas o la exposición a peligros ambientales, y pueden afectar mucho el día a día de las personas mayores LGTBI.
Dolor crónico: las afecciones de dolor crónico, como dolor de espalda, dolor en las articulaciones o dolor neuropático, pueden ser más prevalentes debido a factores como el estrés, el trauma o las condiciones de salud comórbidas.
Trastornos neurológicos: las personas mayores LGTBI pueden tener un mayor riesgo de sufrir ciertos trastornos neurológicos, como la enfermedad de Alzheimer (Fredriksen et al., 2018), la enfermedad de Parkinson (Scorza et al., 2023) o un accidente cerebrovascular, por culpa de una ausencia de red de contactos y cuidados, por negligencia, o por demás intersecciones de salud con cuestiones relativas al entorno y el aislamiento.
Más especialmente, la salud cognitiva implica participar en actividades mentalmente estimulantes, mantener conexiones sociales y adoptar un estilo de vida saludable para el cerebro. Para estas cuestiones, cuanto antes se haga un seguimiento o una serie de pruebas y revisiones, mejor, puesto que las demencias de todo tipo son una sindemia enorme de nuestros tiempos. El deterioro cognitivo incluye las agnosias, las amnesias y las afasias, o una mezcla de ellas. Se dividen por las siguientes tipologías (orientativas):
Agnosias:
Agnosia visual: dificultad para reconocer objetos o rostros a pesar de no tener problemas físicos de visión, es decir, en los órganos de percepción.
Agnosia auditiva: dificultad para reconocer sonidos o comprender el lenguaje hablado.
Agnosia táctil: dificultad para reconocer objetos mediante el tacto.
Afasias:
Afasia de Broca: dificultad para hablar con fluidez y formar oraciones gramaticalmente correctas, a menudo acompañada de una comprensión limitada.
Afasia de Wernicke: dificultad para comprender el lenguaje y producir un habla coherente, a menudo se habla fluidamente, pero sin sentido.
Afasia global: deterioro severo de las capacidades del lenguaje, tanto expresivo como receptivo. Sería una combinación de las dos afasias mencionadas.
Amnesias:
Amnesia anterógrada: dificultad para formar nuevos recuerdos después del inicio de la amnesia.
Amnesia retrógrada: dificultad para recordar recuerdos anteriores al inicio de la amnesia.
Amnesia global transitoria: pérdida repentina y temporal de la función de la memoria, a menudo sin causa aparente.
Estas afecciones pueden ser el resultado de diversos trastornos neurológicos, como accidentes cerebrovasculares, lesiones cerebrales traumáticas, demencia u otras afecciones médicas subyacentes. Pero tienen también importancia especial para el colectivo, y fuera del discurso biomédico: si no podemos reconocer cosas y personas, hablar de nuestras experiencias, o traer a la luz recuerdos que nos han marcado, ¿cómo podremos mantener nuestra genealogía como comunidad? Es imprescindible que esos síntomas se entiendan como comunitarios, como problemas de salud pública, como problemas sociales.
El tratamiento depende de la causa subyacente, que nunca es un factor exclusivo, sino un conjunto de cuestiones, y puede incluir rehabilitación, terapia, medicación u otras intervenciones destinadas a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida (talleres psicomotores, psicoterapia y terapia afectiva, etc.). A la vez, la propia medicación en el campo está en constante revisión, y nuevos métodos y tratamientos no paran de salir (comprimidos, vacunas, métodos de examen médico). Prueba de ello, los avances en la medicación para el VIH, el VPH, y demás ITSs.
De nuevo, una mirada más integral, que recoja las particularidades que enfrenta la gente LGTBI mayor, permite entender las diferentes expresiones de esas condiciones en distintos cuerpos.