Los procesos de envejecimiento pueden impulsar la reevaluación y exploración de la orientación sexual, la identidad de género y el sentido general de unx mismx. Al prejuicio interiorizado, que genera sentimientos de vergüenza, dudas o autodesprecio, o al duelo y la pérdida de seres queridos, se puede añadir el estrés minoritario, aquel estrés asociado a factores estresantes únicos que experimentan las personas LGTBI debido a la discriminación, los sesgos y los prejuicios.
Los desafíos de salud son otro elemento importante por valorar: la exposición a la mirada médica, al escrutinio y la evaluación clínicas, pueden agudizarse por entrar en la tercera edad, donde se presupone que hay más necesidad de cuidado y más dependencia.
Preocupaciones existenciales pueden también manifestarse en esta etapa tardía, y tener un impacto negativo. El envejecimiento puede generar preguntas existenciales y preocupaciones sobre el sentido de la vida, el propósito, las decisiones vitales (tanto tomadas como pendientes de tomar), y la mortalidad. Preocupaciones concretas sobre el final de la vida, inquietudes o temores específicos relacionados con la planificación de los cuidados, los paliativos, el reconocimiento legal y las gestiones administrativas, la aceptación familiar y el acceso a una atención afirmativa, todas son cuestiones que se deben tener en cuenta.
Todos estos factores mencionados crean un entorno propicio para la psicopatología más severa. Entre varias dificultades mentales más profundas (más allá de trastornos ansiosos, disociativos, anímicos o de sueño) podemos encontrar:
- la demencia y los problemas de memoria en general
- deterioros neurológicos y neuropsicológicos más generalizados
- los trastornos alimenticios
- trastornos de afecto más graves, como depresión crónica, bipolaridad, ciclotimia persistente
- las dependencias de sustancias
- los trastornos de personalidad, o patrones muy consolidados de conducta y actitud social
- respuestas al trauma, que vayan más allá de síntomas de ansiedad o disociación
- trastornos más avanzados no detectados
A la dificultad de detectar esas cuestiones, ya no solo a nivel clínico sino también social, debemos añadir la escasez de servicios especializados, la falta de políticas públicas adecuadas, el desinterés de la población general, el persistente estigma mental, así como la tendencia a psiquiatrizar los problemas mentales bajo un marco de tratamiento individual.
Nos deberíamos quizá preguntar cuáles son los factores estructurales que empujan a las personas mayores LGTBI+ con problemas mentales a los márgenes, y cuáles son las responsabilidades reales del Estado de bienestar y de las instituciones. Antes de normalizar o democratizar el uso del palabro salud mental, quizá convendría más llenarlo de sentido, escuchando y atendiendo a las personas implicadas directamente.