Sintomatología específica

Salud mental

Los procesos de envejecimiento pueden impulsar la reevaluación y exploración de la orientación sexual, la identidad de género y el sentido general de unx mismx. Al prejuicio interiorizado, que genera sentimientos de vergüenza, dudas o autodesprecio, o al duelo y la pérdida de seres queridos, se puede añadir el estrés minoritario, aquel estrés asociado a factores estresantes únicos que experimentan las personas LGTBI debido a la discriminación, los sesgos y los prejuicios. 

Los desafíos de salud son otro elemento importante por valorar: la exposición a la mirada médica, al escrutinio y la evaluación clínicas, pueden agudizarse por entrar en la tercera edad, donde se presupone que hay más necesidad de cuidado y más dependencia.

Preocupaciones existenciales pueden también manifestarse en esta etapa tardía, y tener un impacto negativo. El envejecimiento puede generar preguntas existenciales y preocupaciones sobre el sentido de la vida, el propósito, las decisiones vitales (tanto tomadas como pendientes de tomar), y la mortalidad. Preocupaciones concretas sobre el final de la vida, inquietudes o temores específicos relacionados con la planificación de los cuidados, los paliativos, el reconocimiento legal y las gestiones administrativas, la aceptación familiar y el acceso a una atención afirmativa, todas son cuestiones que se deben tener en cuenta.

Todos estos factores mencionados crean un entorno propicio para la psicopatología más severa. Entre varias dificultades mentales más profundas (más allá de trastornos ansiosos, disociativos, anímicos o de sueño) podemos encontrar:

A la dificultad de detectar esas cuestiones, ya no solo a nivel clínico sino también social, debemos añadir la escasez de servicios especializados, la falta de políticas públicas adecuadas, el desinterés de la población general, el persistente estigma mental, así como la tendencia a psiquiatrizar los problemas mentales bajo un marco de tratamiento individual.

Nos deberíamos quizá preguntar cuáles son los factores estructurales que empujan a las personas mayores LGTBI+ con problemas mentales a los márgenes, y cuáles son las responsabilidades reales del Estado de bienestar y de las instituciones. Antes de normalizar o democratizar el uso del palabro salud mental, quizá convendría más llenarlo de sentido, escuchando y atendiendo a las personas implicadas directamente. 

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Violencia

Un atentado contra la integridad física y mental de una persona por razones de LGTBIfobia y prejuicio. Las violencias de este tipo están recogidas en la mayoría de países occidentales como delitos de odio, y se sancionan como tales. Más allá de las concepciones legales de la violencia, tienen especial interés sus componentes éticos. Una manera ética de plantearnos la violencia es si entendemos el daño infligido contra la persona como vulneración de su personalidad y su bienestar, y como algo no sólo digno sino preciso de ser reparado con la mayor prioridad posible.

Las microviolencias son otro parámetro relevante. El prefijo micro- no es por menospreciar ni su impacto ni la fuerza de su implementación. Al contrario, es por señalar que muy a menudo son tan sutiles que pueden pasar desapercibidas. Las microagresiones pueden detectarse en comentarios, miradas o movimientos de desprecio, predisposiciones negativas, elecciones que parezcan inconscientes (por ejemplo, la elección de organizar un evento LGTBI pero sin representación de personas intersex), y una larga lista de comportamientos hostiles.

Exclusión

Una serie de prácticas que conducen a ciertas personas hacia los márgenes sociales. Excluir no implica necesariamente desposeer a las personas de oportunidades o recursos de forma activa. En varias ocasiones, funciona a nivel tácito. El sistema que genera las exclusiones no suele ni nombrarlas como tales, ni asumir la responsabilidad sobre ellas. Las personas excluidas, sin embargo, percibirán las barreras a la hora de no poder participar de los espacios públicos, las opciones y las dinámicas cotidianas de la forma que ellas deseen. La exclusión es un elemento necesario para la construcción de la identidad; al fin y al cabo, nos definimos a través (también) de lo que no somos. Pero cuando la exclusión no es simplemente constitutiva, sino que implica la ejecución de violencias, entonces hablamos de exclusión social, de prácticas de silenciamiento, o de estigmatizar la otredad.

Identidad

El ensamblaje de cualidades, actitudes, rasgos de personalidad, creencias y sentimentalidades que se atribuyen a una persona y conforman su comportamiento y autoconcepto. Los aspectos internos, relacionales y sociales/estructurales de la identidad se configuran constantemente a lo largo de la vida. En las últimas décadas en ciencias sociales y humanidades se ha planteado la des-esencialización de la identidad, en el sentido de desvincularla del determinismo biológico y ético a la que ha estado pegada a lo largo de la historia. Modelos intersubjetivos subrayan la necesidad de entender la formación de nuestras identidades siempre en contexto y fluctuación.

Cuidados al final de la vida

El acompañamiento que se recibe en el proceso que conduce a la muerte, e intenta cubrir las tareas prácticas, las necesidades emocionales, la comodidad física, los planteamientos espirituales y demás demandas que surjan en esos momentos. El apoyo puede incluir cuidados paliativos o servicios, medicamentos e infraestructuras especializadas. Suele ser asumido por parte de personal geriátrico y hospitalario, pero también de familias, personas cuidadoras, trabajadorxs sociales y personal auxiliar. Un plan de cuidados se plantea desde una mirada holística, manteniendo presentes todas las intersecciones que afectan la salud de la persona en ese proceso.

Acceso a la atención sanitaria

Las iniciativas que permiten a las personas LGTBI tener una salud integral a su alcance. La cuestión del cómo acceder a servicios inclusivos y específicos ha sido muy problemática durante muchas décadas del siglo XX, sobre todo por la falta de conocimientos y habilidades especializadas por parte del personal biomédico, enfermero, auxiliar y de salud mental. En el caso de las minorías sexuales, este acceso está relacionado con medidas de protección sexual, pruebas de salud y otras estrategias que fomenten el bienestar. En el caso de las minorías de género, el enfoque se pone en cuestiones de salud integral sin restricciones, la distribución de tratamientos hormonales, la elegibilidad sin obstáculos para operaciones, el apoyo psicológico y psicosocial gratuito, y sobre todo para la cobertura de demandas por parte de la Seguridad Social.

Conexiones intergeneracionales

Son los vínculos sentimentales que se establecen entre gente de diferentes edades. Poder sentirse conectadas con las generaciones más jóvenes proporciona a las personas mayores LGTBI una seguridad de que no van a estar solas en la última etapa de su vida, y sobre todo las consuela de su propio valor. Puesto que muchas personas del colectivo no cuentan con nietos, eso automáticamente supone que los lazos familiares intergeneracionales se tienen que cubrir por otras redes o fuentes. Por ello, la existencia de servicios de socialización y de actividades creativas es de suma importancia. Por otro lado, la memoria colectiva de la que son portadoras las personas mayores es particularmente relevante para la historia LGTBI, y para que se mantengan vivas las dificultades, las luchas y las estrategias de supervivencia que han empleado las generaciones mayores.

Identidad de género

Contrariamente a las definiciones típicas que circulan, sobre la identidad de género como el sentimiento profundo o la percepción de la persona respecto a su género, que puede o no diferir de su sexo asignado al nacer, modelos más relacionales de comprender el término ponen el foco no tanto en la determinación o la convicción, sino en los procesos de reconocimiento, aceptación y exclusión que determinan si una persona va a definirse como hombre, mujer, persona no binaria, persona agénero, u otra categoría. En ese sentido, la identidad de género señala procesos de pertenencia o membresía a una comunidad generalizada, mucho antes de aludir a la masculinidad o la feminidad como rasgos psicológicos (Wood & Eagly, 2015). El carácter intersubjetivo de la identidad de género es fundamental para comprender que, independientemente de si una persona es trans o cis, su propia identidad de género va a ser puesta en contexto, y no es un parámetro esencial.

Expresión de género

Se trata de todos aquellos aspectos relacionados con la apariencia personal, la vestimenta, las expresiones faciales, los gestos y demás señales de género, que tradicionalmente han ocupado la masculinidad y la feminidad hegemónicas. Expresiones alternativas (mezcladas o desvinculadas de esos registros) han sido durante gran parte de la historia castigadas, salvo quizá por espacios de escenificación o creatividad artística. La expresión de género está vinculada a los roles de género, es decir las expectativas y estereotipos de conducta, apariencia y elocuencia asignados a hombres y mujeres. Lo drag ha supuesto una revolución en cuanto a la ridiculización de esas inscripciones, y ha planteado el género expresado en términos de juego.

Terapias de conversión

Son métodos de tortura cuyo propósito es modificar la conducta e identidad de las personas LGTBI, precisamente por cuestiones de orientación sexual, identidad o expresión de género. Pueden ser ejecutadas por parte de profesionales de todo tipo, pero lo más frecuente es que las performen terapeutas, clérigos, autoproclamadas feministas radicales, profesionales de psiquiatría y psicología con visiones antideontológicas, coaches de dudosas credenciales formativas, entre otros. Lo importante es que no cuentan con legitimidad o evidencia científica, sino que se basan en prejuicios de contagio social de la sexualidad y las identidades minoritarias. Como terapias de conversión se han registrado métodos como el electroshock, la medicación forzada, el rezo, el aislamiento obligatorio, la humillación, determinados tipos de hipnosis, abusos físicos, exposición aversiva a estímulos desagradables, chantajes y desafíos, y otras torturas. Muchas legislaciones no las contemplan ni las prohíben, dejando espacio a impunidades y perpetuación de malas prácticas. En España hay muchas denuncias sin resolver al respecto (ver Castro, 2022).

Privilegio

El privilegio se produce al ocupar un lugar aventajado en la sociedad, en relación a los parámetros de redistribución de recursos y reconocimiento social y cultural. El privilegio opera en parámetros materiales y simbólicos, es dinámico, contextual y depende de varias coordenadas. Por ejemplo, una persona puede ocupar un lugar aventajado según los parámetros de la clase social, pero sufrir por ejemplo episodios de misoginia o de racismo por habitar lugares de subordinación en los ejes de género y sistema racial (ver interseccionalidad). El privilegio se relaciona también con la agencia, la credibilidad, la capacidad de autodeterminación y la voz propia. Las personas que disfrutan de privilegios, generalmente, son ignorantes de los mismos, siendo los ejes de opresión los que marcan las resistencias y fricciones sociales.

Afirmación de identidad

Es un conjunto de prácticas, tanto cotidianas y sociales como profesionales, que facilitan la autoaceptación respecto a la identidad/expresión de género u orientación sexual. El enfoque afirmativo no es una escuela psicológica, como el psicoanálisis o el conductivismo. Más bien supone un cambio de mirada para respetar la perspectiva y agencia de la propia persona. Ese giro en la mirada está asociado a cambios de paradigma de atención en salud, sobre todo mediante el enfoque basado en la persona, la competencia cultural y la perspectiva de consentimiento informado en consulta. Sin embargo, se extrapola a otros ámbitos de la vida social, para subrayar la importancia de respetar la autodeterminación de las personas, y de no imponer nuestras propias visiones o concepciones para ellas, sin que ellas den su consentimiento para ello.