Hay muchas zonas grises entre una idea de espacio seguro y una idea de espacio hostil. Dicho de otro modo, es mucho más común que la gente de nuestra comunidad tenga que lidiar con espacios y situaciones ambiguas en relación con la aceptación de la orientación sexo-afectiva y la identidad y expresión de género, que propiamente protección o desprotección. Explorar lo gris es relevante para la comunidad, sobre todo porque no todos los entornos van a ser siempre abiertamente afirmativos.
Por ejemplo, hay campañas turísticas que intentan proteger a parejas gays y lesbianas de caminar mano a mano en ciertos contextos en países del extranjero, que tienen un enfoque dicotómico: los espacios o pueden ser arcoíris, o intransitables. En realidad, la confirmación por parte del contexto depende tanto del sitio como del momento temporal, el si se transita y por qué tipo(s) de gente, y muchos más factores que no se solucionan solo con poner una pegatina con la bandera.
Las personas del colectivo han establecido familias elegidas y comunidades de pares como respuesta a la marginación, la discriminación y la falta de aceptación históricas y actuales de la sociedad. Estas familias elegidas, compuestas por amigxs, socixs y personas aliadas, brindan un sentido de pertenencia y apoyo incondicional que puede estar ausente en las estructuras familiares biológicas o tradicionales. A través de experiencias compartidas de resiliencia y solidaridad, las personas LGTBI crean espacios donde pueden expresar libremente sus identidades, compartir recursos y afrontar juntos los desafíos de la vida. Pero de nuevo, esto no sucede en un vacío, sino a pesar de y como respuesta a la hostilidad general. Olvidarnos de esto en un afán mercantilista de sentirnos a gusto a todas horas puede conllevar más riesgos de lo que pensamos -sin que esto suene alarmante.
Estas comunidades de pares a menudo surgen a través de redes, grupos y asociaciones LGTBI, organizaciones comunitarias y plataformas en línea, que ofrecen conexiones basadas en valores, experiencias y comprensión compartidos.
El asociacionismo también es clave: ser miembro de una organización y participar en procesos de socialización proporcionan el valor social necesario, y vinculan a las personas afectivamente. En varias ocasiones, esos espacios asociativos reciben la ira y el odio de lxs demás, cuando por ejemplo les tachan las fachadas o las puertas con eslóganes intolerantes. Hay que trabajar para acabar con la permisividad hacia esas actitudes.