La muerte en la sociedad post-capitalista neoliberal está muy apartada, ignorada y silenciada por el conjunto de la sociedad. ¿Quién va a cuidar de las personas mayores, si todxs lxs demás no estamos a disposición?
Nuestra interdependencia tampoco se plantea en este marco. No nos damos cuenta de que los cuidados y las necesidades que solemos atribuir a lxs mayores afectan a todos los miembros de la sociedad. Al contrario, es frecuente rechazar la realidad de los mayores como si no fuéramos a llegar a una etapa con condiciones similares, es decir, como si no fuéramos a enfermar, a afrontar alguna discapacidad o a precisar de ayuda y cuidado.
El acceso a cuidados paliativos es un tema tanto crucial para la vejez, como tabú, porque está muy asociado a la muerte. Los cuidados paliativos y los cuidados al final de la vida en la comunidad LGTBI requieren un enfoque matizado. El miedo a la discriminación, la falta de apoyo familiar y las preocupaciones sobre el acceso a una atención culturalmente competente, se suman a las dificultades ya existentes. Es esencial que al proveer una atención médica integral, creemos entornos acogedores, afirmativos y respetuosos de las diversas orientaciones sexuales e identidades de género.
Esto incluye abordar cuestiones legales y financieras, apoyar las estructuras familiares elegidas y brindar acceso a apoyo de salud mental sin enfoques patologizantes, tanto para las personas atendidas como para sus seres queridos. Además, el personal de atención médica debería recibir formación y capacitación (sensibilidad y competencia cultural) sobre el colectivo, para no presuponer que la gente es cissexual, cisgénero, heterosexual y capacitada.
Por otro lado, la eutanasia y la búsqueda de una muerte digna son cuestiones complejas y profundamente personales para las personas mayores LGTBI, determinadas por una variedad de factores sociales, culturales y sanitarios. Las consideraciones al contemplar distintas decisiones sobre el final de la vida son únicas y diferentes para cada persona. Y éstas como tantas otras relaciones con los entornos sanitarios para las personas mayores del colectivo LGTBI vienen determinadas por las experiencias pasadas, en muchos casos, de discriminación o maltrato en entornos de atención médica. Es frecuente encontrar testimonios que expresan preocupación sobre el acceso a atención afirmativa, así como temores de experimentar estigma o marginación adicional en el contexto de una enfermedad terminal o un deterioro de la salud. Las decisiones mismas puede que se contemplen desde un lugar de condescendencia por el mero hecho de que la persona es LGTBI. Este tipo de temores y prejuicios, basados en experiencias o proyecciones, pueden hacer que las personas mayores que han visto incrementada su percepción de vulnerabilidad no se sientan con fuerzas de afrontar una situación de potencial discriminación y, por tanto, no acudan al recurso.
En este sentido, y para comprender la compleja amplitud de los miedos que condicionan ciertos entornos, es conveniente tener presente el trauma histórico relacionado con la epidemia de VIH/SIDA, o el estigma de las demás ITSs, que continúan presentes en muchos contextos. La extensión de estas percepciones aumenta los prejuicios y afecta, o puede afectar, a otras decisiones que deben tomarse en el entorno sanitario y en un contexto de seguridad y confianza, como las que afectan a la planificación del final de la vida. El acceso a cuidados paliativos integrales, incluido el manejo del dolor, el apoyo emocional y la asistencia con la planificación anticipada de la atención, es crucial para garantizar la autonomía y el apoyo que se requieren para tomar decisiones informadas sobre cuidados al final de su vida y buscar una muerte digna en términos propios.
Al navegar por las complejidades de la eutanasia y una muerte digna, es esencial priorizar la autonomía, la agencia y el bienestar de nuestrxs mayores LGTBI, y al mismo tiempo reconocer los factores sociales, culturales y sistémicos que se cruzan y que dan forma a sus experiencias al final de la vida. Esto requiere un compromiso con prácticas de atención médica inclusivas, así como políticas que protejan los derechos de las personas a tomar decisiones informadas sobre su propia atención y preferencias de tratamiento. La horizontalidad, la competencia específica, la alianza asistencial, y la escucha activa, deben atravesar la práctica de cualquier persona implicada.
Es recomendable tener a nuestro alcance toda la información posible, sobre este tema y sobre todos los que conciernen a las decisiones que debemos tomar a propósito de nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra vida. Lo que puede generar malestar, estrés y finalmente sensación de abandono es la incertidumbre y la falta de información. Acceder a los recursos y opciones que existen nos ayuda a hacernos las preguntas necesarias y a contar con la ayuda de profesionales que tienen experiencia y pueden responder a todas ellas de manera adecuada.
Por último, fomentar conversaciones abiertas y honestas sobre la muerte, sin tabúes, expresar compasión y respeto, brindar acceso a apoyo afirmativo de salud mental y atención espiritual, y abogar por marcos legales que respeten los deseos de las personas al final de su vida son componentes esenciales para garantizar el avance en esa materia tan poco explorada.