El cuidado es relacional: no se puede cuidar si no se establece previamente un vínculo afectivo. Sin embargo, se tiende a pensar que una persona que necesita ser cuidada es menos válida, o más dependiente. Además, la soledad suele considerarse resultado de una falta de cuidado o de un tipo de cuidado incompleto. Como comentan Liedo,Castellanos y Sorreluz (2021, p. 75),
si el cuidado es buen cuidado conllevará también la satisfacción relativa de las necesidades de interacción social de las personas implicadas. Esto no significa que una sola persona cuidadora deba llevar sobre los hombros el peso de colmar todas las expectativas de compañía y cariño de una persona cuidada; por el contrario, es más interesante entender el cuidado como un fenómeno multipolar en el que varios agentes se ven insertos y dentro del cual todos reciben y aportan en distinta medida.
En esta cita, nos damos cuenta de que el cuidado:
- no distingue entre individuos o grupos, porque en mayor o menor medida, todas las personas lo necesitaremos
- es relacional y nos constituye como seres que viven en sociedad
- debe ser equitativo, para que no recaigan sobre una única parte la asunción de responsabilidades
- tiene que ver con el contexto y sus particularidades materiales
- no siempre está claro quién lo ejerce y quién lo recibe
- revela una interdependencia intrínseca a los seres humanos
La crisis de los cuidados implica que la sociedad envejezca de forma masiva, y que sus necesidades no se asuman desde relaciones de confianza. Entre los desafíos de cuidado de nuestro tiempo, encontramos la economía temporal neoliberal, que no permite cuidar de las personas mayores, la comercialización de las relaciones sociales, la sustitución de los cuidados humanos por nuevas tecnologías e inteligencias, la extrema metropolización/urbanización y enajenación con el medio ambiente, así como el estigma edadista contra la vejez y las condiciones que la acompañan.
En este marco, es difícil hablar de mayores LGTBI, ya que de por sí son la minoría dentro de las minorías. Las generaciones que vivieron la etapa final del franquismo y la transición democrática se encuentran ahora en ese momento vital donde no solo necesitan ser cuidadas, sino que quieren ser escuchadas y validadas en sus testimonios. La promesa de una mejor vida en libertad, la liberación sexual y el alcance de derechos civiles, son aspectos que si bien han determinado una base de cambio social sustancial, no se han terminado aplicando en su totalidad a la generación que, sin embargo, ha sido testigo y parte de toda esta trayectoria.
¿Cómo conservar el testimonio de estas personas? ¿Cómo acompañarlas, y cómo abordar sus luchas, en un contexto donde ya damos por hechos muchos derechos ganados por otrxs? ¿Cómo darnos cuenta de nuestras genealogías, así como de nuestro futuro en dependencia? Y además, ¿cómo comprender que la comunidad LGTBI no está compuesta solo de personas jóvenes (hábiles, sanas, guapas, normativas, funcionales, sociables, abiertas, desarmarizadas, influyentes etc. etc.)?