Aislamiento y soledad no deseada

Salud social

Estar a solas no tiene necesariamente un componente negativo. Pensemos en los retiros de purificación, silencio, mindfulness, o las clínicas de desintoxicación, y el aprovechamiento del aislamiento por su potencial sanador. Pensemos también en el estilo de vida rural, en los espacios conectados con la naturaleza, donde se pretende desconectar del frenesí de las ciudades y sus ruidos, y descansar profundamente estando a solas. Nuestra cultura occidental acelerada no nos permite descubrir los lados positivos de la soledad, sino que nos enseña a estar permanentemente en un estado de falsa disponibilidad, mediante nuestro móvil, nuestros datos y demás dispositivos. 

La asociación Diversas de Canarias explica sobre los sentimientos de soledad.

Sobre soledad en el colectivo LGTBI y mayor, hay también dos factores clave: la falta de reflejos en la cultura popular, y el tema del aspecto corporal. Las relaciones y dinámicas de pareja se ven afectadas por la vergüenza. También es verdad que, en comparación con otras edades dentro del colectivo, la autoabogacía (self-advocacy) no es una práctica o actitud común, es decir: Una persona LGTBI mayor difícilmente irrumpirá en el espacio público para hablar libremente de sí misma, de su vida y sus necesidades; al menos no tendrá las mismas posibilidades ni, desde luego, recibirá las mismas reacciones que recibiría una intervención en este sentido por parte de personas de generaciones más jóvenes. 

Las preocupaciones corporales tampoco se comparten con facilidad. En una cultura que nos enseña a avergonzarnos de nuestros cuerpos, a escondernos o a mostrarlos en intimidad, o solo cuando cumplen con todos los absurdos cánones de peso, altura, apariencia etc., las personas mayores son de los grupos que menos oportunidades tienen de recibir interés, aceptación o visibilidad por la exposición de su cuerpo.

Ser LGTBI significa, sobre la misma línea, haber recibido mucho escrutinio y vigilancia por nuestro cuerpo (tamaño, gestualidades, expresiones, disfrutes, reacciones). Históricamente, si se nos leía como “anormales”, extrañes, fuera del c anon, se nos aislaba, incluso se nos encarcelaba. Sobre todo, se nos excluía del grupo, se nos quitaba la posibilidad de estar entre pares, de socializar, de establecer un sentido de pertenencia. 

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Visibilidad

Se suele plantear en términos positivos, de ganar legitimidad, representación, en definitiva reconocimiento de agencia. Sin embargo, la visibilidad tiene también aspectos negativos, de exposición a miradas y juicios, así como de vulnerabilidad. Un ejemplo de la visibilidad como arma de doble filo dentro de nuestra comunidad son las mujeres trans: aunque siempre han sido las más visibles, independientemente de su voluntad, eso las ha expuesto a más peligros (humillaciones, persecuciones, redadas, encarcelamientos, y demás actos violentos). A la vez, han sido de las figuras que más han dado el cuerpo, que han estado en primera fila en las luchas y las reivindicaciones. Al contrario, los hombres trans y las personas genderqueer y no binarias han permanecido al margen de los espacios públicos y los marcos de reconocimiento, y eso ha tenido el efecto adverso y contrario de no poder haber disfrutado de espacios públicos, pero a la vez haber recibido menos violencias.

Discriminación

El tratamiento injusto contra el colectivo por razón, en nuestro caso, de orientación sexual, identidad y/o expresión de género. Esa distinción es injustificable, opera de forma estereotipada y generalizada, y tiene efectos severos en la salud mental de la gente que la sufre. Aunque en muchas ocasiones se puede nombrar, la discriminación no es siempre detectable ni tratable, y hay todavía muchas resistencias e ignorancia a la hora de combatirla. Las microagresiones son una forma de discriminación que se expresa sútilmente, pero a la vez tienen un impacto directo y muy profundo en las personas.

Identidad de género

Contrariamente a las definiciones típicas que circulan, sobre la identidad de género como el sentimiento profundo o la percepción de la persona respecto a su género, que puede o no diferir de su sexo asignado al nacer, modelos más relacionales de comprender el término ponen el foco no tanto en la determinación o la convicción, sino en los procesos de reconocimiento, aceptación y exclusión que determinan si una persona va a definirse como hombre, mujer, persona no binaria, persona agénero, u otra categoría. En ese sentido, la identidad de género señala procesos de pertenencia o membresía a una comunidad generalizada, mucho antes de aludir a la masculinidad o la feminidad como rasgos psicológicos (Wood & Eagly, 2015). El carácter intersubjetivo de la identidad de género es fundamental para comprender que, independientemente de si una persona es trans o cis, su propia identidad de género va a ser puesta en contexto, y no es un parámetro esencial.

Expresión de género

Se trata de todos aquellos aspectos relacionados con la apariencia personal, la vestimenta, las expresiones faciales, los gestos y demás señales de género, que tradicionalmente han ocupado la masculinidad y la feminidad hegemónicas. Expresiones alternativas (mezcladas o desvinculadas de esos registros) han sido durante gran parte de la historia castigadas, salvo quizá por espacios de escenificación o creatividad artística. La expresión de género está vinculada a los roles de género, es decir las expectativas y estereotipos de conducta, apariencia y elocuencia asignados a hombres y mujeres. Lo drag ha supuesto una revolución en cuanto a la ridiculización de esas inscripciones, y ha planteado el género expresado en términos de juego.

Aliado

Un término que denota las sinergias entre el imaginario mayoritario y las identidades y experiencias de la comunidad LGTBI. Es también un término acusado por partes del activismo, de querer hacer un lavado de cara a las personas que, de manera frecuentemente condescendiente y supremacista, se acercan al colectivo con fines poco transparentes. Las alianzas son siempre necesarias en el activismo social, pero quizá funcionen mejor si no se reclaman, o su nombramiento supone una profunda transformación social y reconocimiento de privilegios (Ivy, 2018).

Comunidad

La noción de comunidad es fundamental para las personas LGTBI. Nuestras identidades, deseos y trayectorias vitales difieren de forma significativa, pero por las formas de que nos excluyan, por el tipo de bullying y de discriminación que recibimos, así como por las sinergias y estrategias de superación que activamos, compartimos un espacio común. A veces, el imaginario colectivo tiende a ver a la comunidad LGTBI como un ‘cajón de sastre’, donde ya cabe cualquier cosa que no es ‘normal’ para él, o de forma diametralmente contraria, como una entidad muy rígida e indiferenciada. Incluso dentro de la propia comunidad, existe la sensación de que las voces y las demandas son muy distintas. En los últimos años, hemos visto surgir desigualdades y choques entre varios grupos identitarios y sociales dentro del colectivo. Sin embargo, nuestra exclusión solo se puede rebatir y contestar de forma organizada, colectivizando saberes y malestares. Nuestra manera de crear y sostener ‘la comunidad’ es importante que sea fluida, y no restringida por categorías y definiciones rígidas.

Orientación sexual

La orientación sexoafectiva ha sido un campo de debate en la ciencia occidental, sobre todo a lo largo del siglo pasado. Una cuestión que ha provocado muchas discusiones al respecto ha sido el origen de las sexualidades disidentes o no normativas. La preocupación del discurso dominante en ese sentido se podría reducir en la pregunta: ¿cuál es la causa de la homosexualidad (o la bisexualidad, o toda sexualidad que no sea la “normal”)? ¿Es adquirida, entonces moldeable, o genética? Según la teórica Eve Kosofsky Sedgwick, estas preguntas son erróneas, porque no interrogan nunca el por qué la heterosexualidad se queda a salvo de estas mismas preocupaciones. En su lugar, propone otra distinción: ¿se vive la sexualidad, sea ella heterosexual, homosexual, bisexual, etc., de manera universalmente compartida, o se trata de una experiencia extremadamente individual?

Por otro lado, ¿qué se entiende como orientación sexual, cómo la valoramos? ¿Se define por nuestros actos, por nuestras inclinaciones químicas o preferencias culturales, o es una identidad? Preguntas como estas preocuparon a teóricxs como Michel Foucault, David Halperin, o la misma Kosofsky. Modelos actuales plantean que la experiencia de la sexualidad tiene componentes biológicos, pero no se puede entender solo por esa vía, sino que es un ensamblaje de factores, único para cada persona, que incluye, cómo no, influencias sociales, lingüísticas, culturales, biográficas, y demás.