Vih e its

Salud sexual

La condición de salud crónica cuya pandemia a principios de los ochenta del siglo pasado llegó a considerarse “el cáncer rosa”, ha sido de las más estigmatizadas. Además, el colectivo, sobre todo los hombres gays, han sido acusados de propagarlo a través de sus “prácticas sexuales peligrosas”.

A la par, el sufrimiento de los miembros del colectivo que por esa época perdían a amigos, parejas y seres queridos masivamente cada semana, no solo pasaba desapercibido por la sociedad, sino que se ignoraba activamente y fomentaba la creación de un estigma que, arraigado en viejos prejuicios, encontraba anclaje en revisiones de argumentos peligrosos como el “contagio homosexual” o el “castigo divino” por la sodomía.

No obstante, como es sabido, el virus no discrimina identidades u orientaciones. Las primeras personas famosas que murieron por complicaciones derivadas del sida fueron también duramente estigmatizadas, incluso después de su muerte. El miedo al contagio, dada la falta de información sobre el virus (que no se “contagia”) estuvo muy presente en el imaginario social sobre VIH/sida, y en cierto modo lo continúa estando. Es relevante recordar la diferencia entre contagio y transmisión: por ejemplo, la covid19 o el virus de la gripe común, son virus que sí se contagian, y por eso según la gravedad o las condiciones de las personas expuestas se toman medidas de conducta social determinadas, como por ejemplo el uso de mascarillas en espacios cerrados o, en situaciones de mayor complejidad como ocurrió con la covid19, el confinamiento y la distancia social. 

En este sentido, es relevante volver a recordar el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) no se contagia, sino que puede ser transmitido, por ejemplo, a través de determinadas prácticas denominadas “de riesgo”, como algunas prácticas sexuales sin protección o compartir materiales para la administración de drogas intravenosas como jeringuillas. Es importante señalar la diferencia entre los términos “contagio” y “transmisión”, porque durante mucho tiempo se han confundido (lo cual ha fomentado el estigma y la alarma social), y han contribuido a considerar necesarias medidas de distancia social, exclusión y discriminación contra personas con VIH como si fueran “contagiosas”. La hipocresía social es tanta, que un diagnóstico de VIH, incluso en nuestros días, equivale a una condena interpersonal, laboral, incluso sanitaria para aquellas personas que no cuentan con acceso a seguridad social o viven en países sin programas desarrollados de intervención.

Los avances en salud pública en los últimos años han permitido que el VIH se convierta en crónico, y que se pueda controlar con el tratamiento correspondiente. A la vez, campañas de salud sexual han concienciado a la gente sobre el estigma, de manera que cada vez más hay más conocimientos sobre los modos de transmisión y contención. El lema “indetectable=intransmisible” está cada vez más presente en las manifestaciones y los espacios del colectivo y señala, precisamente, que con el tratamiento crónico se alcanza el estado de indetectable (el virus ya no es detectable en sangre) por lo que también, de manera equivalente, no se transmite.

Aquí tienes un documental realizado por la Dra. Álvarez, dentro de su serie de Paseos ConCiencia, en el que trata precisamente la relación entre las pandemias del sida y de la covid19: 

paseosconciencia.com

La revolución de la PreP (e igualmente de la PEP, que suele recibir menos interés pero ha conseguido transformar la primera atención a gente que ha tenido contactos de riesgo) ha supuesto un cambio de paradigma para el colectivo y sus relaciones afectivo-sexuales. Se trata de medicación de pre-exposición al virus o de post-exposición, según las circunstancias o situaciones a las que la persona se vea expuesta (en este enlace tienes información de interés sobre este tema. Lo más importante, en todos los casos, es tener acceso a toda la información correspondiente. Una adecuada educación sexual hará que eliminemos nuestros prejuicios y miedos y que vivamos la sexualidad a cualquier edad de manera saludable y plena. 

Todavía queda mucho por hacer, puesto que el VIH se sigue propagando, y ha tenido nuevos brotes a lo largo de la sindemia de la covid-19. Pero la investigación ha resultado incluso en curaciones completas (andamos ya por el quinto caso de curación completa por trasplante de médula ósea). Sea cual sea la evolución científica al respecto, la historia de la pandemia del sida nos enseña lecciones importantes sobre estigma, salud pública, redes de apoyo, mediatización y propagación de lo otro como monstruoso, entre otras ideas.

Aquí tienes algunos enlaces a servicios específicos y a portales de información actualizada sobre el tema: 

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Estigma

La devaluación de una persona o un grupo social por ser portador de una cualidad o identidad despreciable por parte de la mayoría. El estigma se puede manifestar con ataques, insultos, prejuicios, actos discriminatorios, y demás modos. Es posible que tenga carácter anticipado también, aventurando potenciales rechazos antes de que o sin que ellos realmente se materialicen. Es difícil que las personas salgan del registro del estigma, puesto que incluye creencias muy arraigadas. La comunidad LGTBI ha sido durante mucho tiempo asociada a la peligrosidad, la marginalidad social, la enfermedad, pero también la tentación, el hedonismo y el contagio. El cuerdismo o mentalismo, es decir la tendencia a pensar que todas las personas son (deben ser) faltas de trastornos mentales o problemas cognitivos.

Redes de apoyo comunitario

Las relaciones que consiguen paliar las rupturas familiares de muchas personas LGTBI. Generar una sensación de pertenencia y comunidad entre nosotrxs es importante, puesto que tenemos necesidades tanto sociales como de salud o de trabajo que son distintas a la mayoría, y que por más que haya alianzas solemos cubrir entre iguales. Los valores de apoyo mutuo y de participación ciudadana facilitan que estos lazos sean horizontales -sin que eso signifique que sean siempre así. Estrategias queer de apoyo comunitario cuestionan la idea de que los lazos tengan que ser fijos y permanentes, apostando, al revés, por la fugacidad y utilidad en el momento.

Exclusión

Una serie de prácticas que conducen a ciertas personas hacia los márgenes sociales. Excluir no implica necesariamente desposeer a las personas de oportunidades o recursos de forma activa. En varias ocasiones, funciona a nivel tácito. El sistema que genera las exclusiones no suele ni nombrarlas como tales, ni asumir la responsabilidad sobre ellas. Las personas excluidas, sin embargo, percibirán las barreras a la hora de no poder participar de los espacios públicos, las opciones y las dinámicas cotidianas de la forma que ellas deseen. La exclusión es un elemento necesario para la construcción de la identidad; al fin y al cabo, nos definimos a través (también) de lo que no somos. Pero cuando la exclusión no es simplemente constitutiva, sino que implica la ejecución de violencias, entonces hablamos de exclusión social, de prácticas de silenciamiento, o de estigmatizar la otredad.

Educación inclusiva LGTBI

Los contenidos de una educación inclusiva no se definen de forma cerrada, sino que fluctúan según las necesidades y experiencias de cada contexto particular. Cuando hablamos de diversidad e inclusión en el aula, en entornos educativos más generalmente, o en ámbitos de especialización profesional, nos referimos a una educación sexual integral y adaptada a las necesidades (cognitivas, emocionales, contextuales) de cada grupo. Que lo LGTBI figure como apartado especial aparte o contenido suplementario, anexado a conocimientos “normales y corrientes” perpetúa la lógica de que se trata de un tema que no es transversal. Una educación inclusiva real suprime esos prejuicios, e integra las diferencias de manera activa y crítica.

Cisheterosexismo-cisheteropatriarcado

La palabra trata de unificar ejes de opresión que, por importante que haya sido tratarlos de forma separada a nivel analítico, se mantienen pegadas y operan en conjunto. La versión “predeterminada” de corporalidad e identidad implica el alineamiento entre sexo asignado al nacer (pongamos que masculino), identidad de género (hombre cis, en este caso), expresión de género (viril) y orientación sexual (heterosexual). Dicho de otro modo, los cuerpos se suelen presuponer de cierta índole, y si algún aspecto suyo sale de esos cánones de congruencia, se vigilan, se aíslan, se corrigen y se ratifican. El problema con el cisheterosexismo es que suele pasar desapercibido, y que cuesta mucho esfuerzo revelar y deconstruir sus premisas. Sus premisas normativas (de ahí que hablemos de cisheteronormatividad también) llegan a definir toda la vida social generizada y sexualizada actual.

Identidad de género

Contrariamente a las definiciones típicas que circulan, sobre la identidad de género como el sentimiento profundo o la percepción de la persona respecto a su género, que puede o no diferir de su sexo asignado al nacer, modelos más relacionales de comprender el término ponen el foco no tanto en la determinación o la convicción, sino en los procesos de reconocimiento, aceptación y exclusión que determinan si una persona va a definirse como hombre, mujer, persona no binaria, persona agénero, u otra categoría. En ese sentido, la identidad de género señala procesos de pertenencia o membresía a una comunidad generalizada, mucho antes de aludir a la masculinidad o la feminidad como rasgos psicológicos (Wood & Eagly, 2015). El carácter intersubjetivo de la identidad de género es fundamental para comprender que, independientemente de si una persona es trans o cis, su propia identidad de género va a ser puesta en contexto, y no es un parámetro esencial.

Expresión de género

Se trata de todos aquellos aspectos relacionados con la apariencia personal, la vestimenta, las expresiones faciales, los gestos y demás señales de género, que tradicionalmente han ocupado la masculinidad y la feminidad hegemónicas. Expresiones alternativas (mezcladas o desvinculadas de esos registros) han sido durante gran parte de la historia castigadas, salvo quizá por espacios de escenificación o creatividad artística. La expresión de género está vinculada a los roles de género, es decir las expectativas y estereotipos de conducta, apariencia y elocuencia asignados a hombres y mujeres. Lo drag ha supuesto una revolución en cuanto a la ridiculización de esas inscripciones, y ha planteado el género expresado en términos de juego.

Características sexuales

Son las características biológicas relacionadas con el sexo asignado al nacer, y se suelen dividir entre gónadas (glándulas sexuales o gametos), cromosomas (XX, XY, u otros) hormonas (estrógenos y andrógenos), características externas primarias (genitales) y secundarias (Nuez de Adán, pechos, caderas) del sexo. Se prefiere dicha terminología, puesto que marca un distanciamiento con las perspectivas esencialistas de entender el cuerpo y sus funciones. Entender el sexo como multidimensional no es por desvalorizarlo; de hecho, no es que los estudios de género atenten contra él, o deseen su desaparición. Al contrario, revela que haber insistido históricamente en su uniformidad ha sido un acto ideológico.

Afirmación de identidad

Es un conjunto de prácticas, tanto cotidianas y sociales como profesionales, que facilitan la autoaceptación respecto a la identidad/expresión de género u orientación sexual. El enfoque afirmativo no es una escuela psicológica, como el psicoanálisis o el conductivismo. Más bien supone un cambio de mirada para respetar la perspectiva y agencia de la propia persona. Ese giro en la mirada está asociado a cambios de paradigma de atención en salud, sobre todo mediante el enfoque basado en la persona, la competencia cultural y la perspectiva de consentimiento informado en consulta. Sin embargo, se extrapola a otros ámbitos de la vida social, para subrayar la importancia de respetar la autodeterminación de las personas, y de no imponer nuestras propias visiones o concepciones para ellas, sin que ellas den su consentimiento para ello.

Orientación sexual

La orientación sexoafectiva ha sido un campo de debate en la ciencia occidental, sobre todo a lo largo del siglo pasado. Una cuestión que ha provocado muchas discusiones al respecto ha sido el origen de las sexualidades disidentes o no normativas. La preocupación del discurso dominante en ese sentido se podría reducir en la pregunta: ¿cuál es la causa de la homosexualidad (o la bisexualidad, o toda sexualidad que no sea la “normal”)? ¿Es adquirida, entonces moldeable, o genética? Según la teórica Eve Kosofsky Sedgwick, estas preguntas son erróneas, porque no interrogan nunca el por qué la heterosexualidad se queda a salvo de estas mismas preocupaciones. En su lugar, propone otra distinción: ¿se vive la sexualidad, sea ella heterosexual, homosexual, bisexual, etc., de manera universalmente compartida, o se trata de una experiencia extremadamente individual?

Por otro lado, ¿qué se entiende como orientación sexual, cómo la valoramos? ¿Se define por nuestros actos, por nuestras inclinaciones químicas o preferencias culturales, o es una identidad? Preguntas como estas preocuparon a teóricxs como Michel Foucault, David Halperin, o la misma Kosofsky. Modelos actuales plantean que la experiencia de la sexualidad tiene componentes biológicos, pero no se puede entender solo por esa vía, sino que es un ensamblaje de factores, único para cada persona, que incluye, cómo no, influencias sociales, lingüísticas, culturales, biográficas, y demás.