Sintomatología cotidiana

Salud mental

Es importante reconocer que, tanto por estigma social como por los procesos propios implicados en el envejecimiento, las personas LGTBI mayores pueden sufrir dificultades a nivel mental y anímico. Esas dificultades pueden variar, según la trayectoria vital particular de las personas, las condiciones de su entorno, su situación socioeconómica y laboral, sus redes de contacto y su histórico familiar o biológico.

La lucha por la despatologización, tanto de las orientaciones sexuales minoritarias como de la identidad y expresión de género, ha supuesto un cambio de paradigma. Desvincular la homosexualidad o la transexualidad de la enfermedad mental llevó muchas luchas contra el discurso médico-psiquiátrico en las últimas décadas del siglo pasado. 

Un camino que tampoco se ha completado del todo, ya que sigue habiendo profesionales y sectores de la sociedad que piensan, a pesar de la multitud de evidencias científicas, que ser gay, lesbiana, bi, trans, no binarie, intersex, asexual, agénero o demás es un problema mental por tratar o curar. Por otro lado, nada garantiza que los movimientos de despatologización sean irreversibles: políticas reaccionarias intentan restablecer el control médico para la validación y aprobación de la diversidad sexual y de género.

De todas maneras, la despatologización de la orientación sexual y de la identidad de género no significa que las personas mayores de la comunidad estén exentas de problemas de salud mental. Muy a menudo, la vulnerabilidad es tan alta, que las convierte en proclives a sufrir agravios sentimentales y de experimentar varios peligros a nivel psicosocial. Pero hay que entender, definitivamente, que son los factores ambientales y estructurales los que dan pie a esos problemas, y que no hay nada intrínseco en el colectivo que automáticamente aumente esta vulnerabilidad. 

Además, lo que hace unas décadas pasaba con gente gay, lesbiana y bi, a nivel de patologización de experiencias, ahora pasa con las personas trans, no binarias, género fluido y agénero. El estigma y la heterodeterminación se han desplazado hacia las decisiones sobre la transición (sobre todo la médica, pero en ocasiones también la social y la legal); de modo que, si una persona trans quiere llevar a cabo solo una transición social, o cambiar solo ciertos aspectos de su corporalidad, las instituciones la van a presionar a que lleve a cabo una transición “completa”, o le pondrán barreras por considerarla “poco decidida”.

Las dificultades de apego son frecuentes. Según la teoría del afecto, desarrollada en psicología por John Bowlby y matizada por Mary Einsworth o Mary Main, los primeros vínculos establecidos en la infancia, sobre todo con las figuras parentales, se extrapolan o funcionan como patrones para los vínculos de la adultez. Según esta lógica, la forma que tienen muchos miembros de la comunidad LGTBIQ de establecer relaciones se ha visto perjudicada por el estigma, interrumpida por las expectativas sociales, o mismamente “rota”.

Esa teoría plantea la existencia de los siguientes tipos de vínculo emocional:

A lo largo de muchas décadas, la clínica atribuía a las personas del colectivo formas de relacionarse que pertenecían a los apegos inseguros, y a la vez validaba la cisheterosexualidad a través del vínculo seguro. De tal manera, que la diversidad sexual y de género parecían fallos en la forma de vincularse con las figuras parentales, y que una forma de sanar a las personas de ese desvío era mediante la educación y el entrenamiento en establecer vínculos seguros.

Perspectivas más contemporáneas sobre los vínculos cuestionan esas asociaciones peligrosas, entendiendo que la orientación sexual y la identidad de género son independientes a los estilos de apego. Una persona cisheterosexual tiene iguales posibilidades de haber construido patrones inseguros de vínculo que una persona del colectivo, así que justificar la psicopatología en el colectivo mediante los estilos de apego es un argumento que falla. 

Además, toda la discusión alrededor de una presunta responsabilidad de las figuras parentales en el desarrollo psicosocial y psicosexual de las personas está llena de problemas. Problemas de apego dentro de la comunidad, más que por patrones parentales, es probable que existan por el rechazo social, la constante discriminación, y otros factores que no permiten la aceptación y el desarrollo de la persona dentro de lo que ella considera un espacio seguro.

Por otro lado, tampoco hay argumentos que sustenten causas biológicas de la orientación sexual y la identidad de género, por más que haya empeños por encontrarlos. No hay genes ni factores biológicos que se activen para dar como resultado una orientación sexual o una identidad de género alternativa. 

Eso es importante para comprender tanto la historia de patologización en base a argumentos congénitos (ver Mora, 2015), como los desempeños incluso actuales e incluso por parte del propio colectivo en abrazar una narrativa de “persona nacida así” (born this way narrative) (ver Adán, 2023, o Garrido, 2023, en la misma compilación). Al contrario, los argumentos a favor de una causa biológica concreta de “la homosexualidad” o “la transexualidad” conllevan dos grandes peligros: En primer lugar, excluir la cisheterosexualidad de los problemas mentales, como si ser cis o ser heterosexual no forma parte de la diversidad de género y sexual humana. Y en segundo lugar, seguir vinculando la comunidad LGTBI con la psicopatología de manera intrínseca es tan lineal y vertical, que parece eximir al entorno de la (completa) responsabilidad de excluir y discriminar a las personas que se salen de la norma. Si es porque “son así”, no tiene sentido tratar de cambiar nuestra conducta social, porque el problema es suyo y no social. Todos estos argumentos, que a veces son incentivados por políticas identitarias de la propia comunidad, ponen obstáculos a la hora de entender cómo surgen los problemas emocionales de las personas LGTBI.

Entre los síntomas más comúnmente extendidos en la comunidad están la ansiedad, los trastornos de afecto, así como la disociación. En cuanto a la ansiedad, esta se suele deber al miedo a las posibles agresiones, a la no aceptación, y a la restricción de la libre expresión en los espacios públicos. No es raro que una persona experimente presiones por encajar, y que eso le genere conflictos y tensiones tanto externas como internas, que le generen ansiedad. Los trastornos de afecto pueden tener más explicaciones, pero la principal suele ser también una gran insatisfacción e inseguridad por no ver la identidad de unx mismx reconocida y validada. 

Esa resistencia social contra la libre determinación y experimentación del género y la sexualidad puede tener un impacto profundo en el bienestar emocional de la comunidad. por último, las distancias largas entre las expectativas y los dictámenes sociales, por un lado, y la autoaceptación por otro, contribuyen a que las personas experimenten a menudo síntomas disociativos. 

Esos tres tipos de sintomatología están también vinculados a ideaciones de suicidio. En el fondo, si una persona no solo no cuenta con el apoyo y la aprobación social, sino que encima experimenta bullying y demás violencias que atenten contra su integridad, a menudo no siente que su vida valga la pena. En esos casos, habría que dirigirse a servicios especializados, como la línea de atención a la conducta suicida 024. Sin embargo, no hay indicios de que las personas del colectivo sean más proclives a trastornos psíquicos serios, como la esquizofrenia o los trastornos de personalidad. Problemas de adicciones, o de la imagen corporal sí que pueden tener una vinculación con las experiencias del colectivo, pero de nuevo, por la experiencia del rechazo.

Puedes consultar los datos más recientes de los que disponemos sobre personas mayores del colectivo LGTBI+ en España en este informe, realizado por la FELGTB en 2019. 

somoslgtb.com

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Aquí puedes acceder al cuestionario de la Academia de Geras

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Violencia

Un atentado contra la integridad física y mental de una persona por razones de LGTBIfobia y prejuicio. Las violencias de este tipo están recogidas en la mayoría de países occidentales como delitos de odio, y se sancionan como tales. Más allá de las concepciones legales de la violencia, tienen especial interés sus componentes éticos. Una manera ética de plantearnos la violencia es si entendemos el daño infligido contra la persona como vulneración de su personalidad y su bienestar, y como algo no sólo digno sino preciso de ser reparado con la mayor prioridad posible.

Las microviolencias son otro parámetro relevante. El prefijo micro- no es por menospreciar ni su impacto ni la fuerza de su implementación. Al contrario, es por señalar que muy a menudo son tan sutiles que pueden pasar desapercibidas. Las microagresiones pueden detectarse en comentarios, miradas o movimientos de desprecio, predisposiciones negativas, elecciones que parezcan inconscientes (por ejemplo, la elección de organizar un evento LGTBI pero sin representación de personas intersex), y una larga lista de comportamientos hostiles.

Exclusión

Una serie de prácticas que conducen a ciertas personas hacia los márgenes sociales. Excluir no implica necesariamente desposeer a las personas de oportunidades o recursos de forma activa. En varias ocasiones, funciona a nivel tácito. El sistema que genera las exclusiones no suele ni nombrarlas como tales, ni asumir la responsabilidad sobre ellas. Las personas excluidas, sin embargo, percibirán las barreras a la hora de no poder participar de los espacios públicos, las opciones y las dinámicas cotidianas de la forma que ellas deseen. La exclusión es un elemento necesario para la construcción de la identidad; al fin y al cabo, nos definimos a través (también) de lo que no somos. Pero cuando la exclusión no es simplemente constitutiva, sino que implica la ejecución de violencias, entonces hablamos de exclusión social, de prácticas de silenciamiento, o de estigmatizar la otredad.

Identidad

El ensamblaje de cualidades, actitudes, rasgos de personalidad, creencias y sentimentalidades que se atribuyen a una persona y conforman su comportamiento y autoconcepto. Los aspectos internos, relacionales y sociales/estructurales de la identidad se configuran constantemente a lo largo de la vida. En las últimas décadas en ciencias sociales y humanidades se ha planteado la des-esencialización de la identidad, en el sentido de desvincularla del determinismo biológico y ético a la que ha estado pegada a lo largo de la historia. Modelos intersubjetivos subrayan la necesidad de entender la formación de nuestras identidades siempre en contexto y fluctuación.

Cuidados al final de la vida

El acompañamiento que se recibe en el proceso que conduce a la muerte, e intenta cubrir las tareas prácticas, las necesidades emocionales, la comodidad física, los planteamientos espirituales y demás demandas que surjan en esos momentos. El apoyo puede incluir cuidados paliativos o servicios, medicamentos e infraestructuras especializadas. Suele ser asumido por parte de personal geriátrico y hospitalario, pero también de familias, personas cuidadoras, trabajadorxs sociales y personal auxiliar. Un plan de cuidados se plantea desde una mirada holística, manteniendo presentes todas las intersecciones que afectan la salud de la persona en ese proceso.

Acceso a la atención sanitaria

Las iniciativas que permiten a las personas LGTBI tener una salud integral a su alcance. La cuestión del cómo acceder a servicios inclusivos y específicos ha sido muy problemática durante muchas décadas del siglo XX, sobre todo por la falta de conocimientos y habilidades especializadas por parte del personal biomédico, enfermero, auxiliar y de salud mental. En el caso de las minorías sexuales, este acceso está relacionado con medidas de protección sexual, pruebas de salud y otras estrategias que fomenten el bienestar. En el caso de las minorías de género, el enfoque se pone en cuestiones de salud integral sin restricciones, la distribución de tratamientos hormonales, la elegibilidad sin obstáculos para operaciones, el apoyo psicológico y psicosocial gratuito, y sobre todo para la cobertura de demandas por parte de la Seguridad Social.

Conexiones intergeneracionales

Son los vínculos sentimentales que se establecen entre gente de diferentes edades. Poder sentirse conectadas con las generaciones más jóvenes proporciona a las personas mayores LGTBI una seguridad de que no van a estar solas en la última etapa de su vida, y sobre todo las consuela de su propio valor. Puesto que muchas personas del colectivo no cuentan con nietos, eso automáticamente supone que los lazos familiares intergeneracionales se tienen que cubrir por otras redes o fuentes. Por ello, la existencia de servicios de socialización y de actividades creativas es de suma importancia. Por otro lado, la memoria colectiva de la que son portadoras las personas mayores es particularmente relevante para la historia LGTBI, y para que se mantengan vivas las dificultades, las luchas y las estrategias de supervivencia que han empleado las generaciones mayores.

Identidad de género

Contrariamente a las definiciones típicas que circulan, sobre la identidad de género como el sentimiento profundo o la percepción de la persona respecto a su género, que puede o no diferir de su sexo asignado al nacer, modelos más relacionales de comprender el término ponen el foco no tanto en la determinación o la convicción, sino en los procesos de reconocimiento, aceptación y exclusión que determinan si una persona va a definirse como hombre, mujer, persona no binaria, persona agénero, u otra categoría. En ese sentido, la identidad de género señala procesos de pertenencia o membresía a una comunidad generalizada, mucho antes de aludir a la masculinidad o la feminidad como rasgos psicológicos (Wood & Eagly, 2015). El carácter intersubjetivo de la identidad de género es fundamental para comprender que, independientemente de si una persona es trans o cis, su propia identidad de género va a ser puesta en contexto, y no es un parámetro esencial.

Expresión de género

Se trata de todos aquellos aspectos relacionados con la apariencia personal, la vestimenta, las expresiones faciales, los gestos y demás señales de género, que tradicionalmente han ocupado la masculinidad y la feminidad hegemónicas. Expresiones alternativas (mezcladas o desvinculadas de esos registros) han sido durante gran parte de la historia castigadas, salvo quizá por espacios de escenificación o creatividad artística. La expresión de género está vinculada a los roles de género, es decir las expectativas y estereotipos de conducta, apariencia y elocuencia asignados a hombres y mujeres. Lo drag ha supuesto una revolución en cuanto a la ridiculización de esas inscripciones, y ha planteado el género expresado en términos de juego.

Terapias de conversión

Son métodos de tortura cuyo propósito es modificar la conducta e identidad de las personas LGTBI, precisamente por cuestiones de orientación sexual, identidad o expresión de género. Pueden ser ejecutadas por parte de profesionales de todo tipo, pero lo más frecuente es que las performen terapeutas, clérigos, autoproclamadas feministas radicales, profesionales de psiquiatría y psicología con visiones antideontológicas, coaches de dudosas credenciales formativas, entre otros. Lo importante es que no cuentan con legitimidad o evidencia científica, sino que se basan en prejuicios de contagio social de la sexualidad y las identidades minoritarias. Como terapias de conversión se han registrado métodos como el electroshock, la medicación forzada, el rezo, el aislamiento obligatorio, la humillación, determinados tipos de hipnosis, abusos físicos, exposición aversiva a estímulos desagradables, chantajes y desafíos, y otras torturas. Muchas legislaciones no las contemplan ni las prohíben, dejando espacio a impunidades y perpetuación de malas prácticas. En España hay muchas denuncias sin resolver al respecto (ver Castro, 2022).

Privilegio

El privilegio se produce al ocupar un lugar aventajado en la sociedad, en relación a los parámetros de redistribución de recursos y reconocimiento social y cultural. El privilegio opera en parámetros materiales y simbólicos, es dinámico, contextual y depende de varias coordenadas. Por ejemplo, una persona puede ocupar un lugar aventajado según los parámetros de la clase social, pero sufrir por ejemplo episodios de misoginia o de racismo por habitar lugares de subordinación en los ejes de género y sistema racial (ver interseccionalidad). El privilegio se relaciona también con la agencia, la credibilidad, la capacidad de autodeterminación y la voz propia. Las personas que disfrutan de privilegios, generalmente, son ignorantes de los mismos, siendo los ejes de opresión los que marcan las resistencias y fricciones sociales.

Afirmación de identidad

Es un conjunto de prácticas, tanto cotidianas y sociales como profesionales, que facilitan la autoaceptación respecto a la identidad/expresión de género u orientación sexual. El enfoque afirmativo no es una escuela psicológica, como el psicoanálisis o el conductivismo. Más bien supone un cambio de mirada para respetar la perspectiva y agencia de la propia persona. Ese giro en la mirada está asociado a cambios de paradigma de atención en salud, sobre todo mediante el enfoque basado en la persona, la competencia cultural y la perspectiva de consentimiento informado en consulta. Sin embargo, se extrapola a otros ámbitos de la vida social, para subrayar la importancia de respetar la autodeterminación de las personas, y de no imponer nuestras propias visiones o concepciones para ellas, sin que ellas den su consentimiento para ello.