Las habilidades especiales que conciernen la atención adecuada a las personas del colectivo. Una formación enfocada en fomentar las competencias culturales entiende que hay cuestiones relacionadas con la salud que son particulares para la comunidad LGTBI, no porque sus miembros sean ‘ciudadanos de segunda’, sino porque se enfrentan a cuestiones que la población mayoritaria no se enfrenta. La competencia cultural empezó por los movimientos antirracistas de los años 70, cuando las ciencias de la salud se dieron cuenta de que las comunidades étnicas estadounidenses tenían otras necesidades y demandas que la gente blanca anglosajona, para posteriormente expandirse al terreno de las sexualidades minoritarias. Ahí, se vio que la necesidad de las personas de sentirse aceptadas y validadas era fundamental para su bienestar. Después de 2010, las competencias culturales empezaron a afinarse aún más, dando pie a manuales, directrices y protocolos específicos para gente trans, no binaria y género no fluido.
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