La clandestinidad ha marcado, en cierto sentido, las relaciones sociales de las generaciones anteriores. Ha definido también la expresión de la gente, ya que esta no podía ser libre en muchas ocasiones; la sensación de intimidad, ya que la grandísima mayoría de los espacios públicos o compartidos no podían tener ese elemento; o la confianza en los demás, puesto que en muchos casos, había agentes que pasaban por LGTBI para reportar la homosexualidad como delincuencia ante la policía (ver Olmeda, 2023 [2004]).
En este vídeo con testimonios de personas LGTBI mayores en Catalunya, se explica cómo la visibilidad incluso bien avanzada la transición democrática en el Estado español, se filtraba durante muchas décadas a través de la clandestinidad. Formas de existir en el espacio público había algunas pocas, pero estaban casi todas relacionadas con el mundo del espectáculo, del teatro, o del arte, permitiendo expresiones más laxas o alternativas de las normas de género pero sólo bajo el concepto de “actuaciones”.
La primera manifestación en España fue en las Ramblas de Barcelona en 1977, y las sucesivas a lo largo de los setenta y ochenta en cada vez más ciudades, pasando por el crecimiento en la conciencia de ser un colectivo y la generación de nuevas formas de protesta, como la besada en la Puerta del Sol en 1987. La visibilidad que alcanzó el colectivo a través de las manifestaciones callejeras cambió la forma de entender el espacio público en relación a la sexualidad y las identidades. Si antes era inconcebible manifestarse como LGTBI en la calle, con las progresivas reivindicaciones y apariciones en plazas, avenidas, locales y espacios que no fueran exclusivos para los márgenes, se inauguró una nueva etapa de visibilidad.
Las manifestaciones de Orgullo menos reivindicativas y más lúdicas, que empezaron en los noventa y siguieron hasta nuestros días, por más que hayan podido establecer un sentimiento de comunidad, han tenido también un carácter comercial. En nuestros días, cada día más corporaciones forman parte de la semana del Orgullo, lo cual, aunque muestra el poder del mercado a la hora de apoyar las causas de la diversidad, por otro lado orienta los eventos más hacia el disfrute y el consumo y menos hacia la lucha política, los derechos y la mejora de las condiciones de la comunidad.
Aquí merece la pena mencionar las investigaciones que nos hablan de rainbow-washing, de gaypitalismo, de lo LGTBI como marca, así como de la comercialización de las manifestaciones (ver, por ejemplo, las que han hecho Domínguez Ruiz, 2021 o Shangay Lily, 2016).
Aquí dos enlaces con ejemplos y discusión sobre el fenómeno.
