Las redes sociales han supuesto una revolución para la comunidad LGTBI. Primero, han permitido que nos encontremos y que nos podamos relacionar a pesar de la distancia, que nos conozcamos a lo largo y ancho del planeta, a hablar y compartir, a apoyarnos y organizarnos.
Por otro lado, han permitido que tengamos un mayor número de referentes. Muchos perfiles de personas con influencia y visibilidad han tenido como portavoces a las redes sociales. Precisamente por el estigma que ha conllevado tener que pasar desapercibidas en el espacio público, las personas en redes sociales han podido aprovechar el anonimato, la relajación de las exigencias y reglas de género, o de demás mandatos para poder compartir de forma más libre opiniones, experiencias, sentimientos, y sus propias identidades.
Las plataformas de redes sociales brindan un espacio virtual donde se puede conectar con pares, acceder a información y participar en comunidades en línea que afirman sus identidades y experiencias. Estas plataformas ofrecen un sentido de pertenencia y apoyo, particularmente para aquella gente que enfrenta aislamiento social o carece de acceso a espacios afirmativos en persona.
A la par, las redes sociales son un espacio potencialmente peligroso, puesto que la exposición que ofrecen no siempre se usa con fines positivos. Esto no es por negar su utilidad, su importancia y su trascendencia, pero sí por advertir que el tipo de uso define el tipo de experiencia que se puede tener online. Casos de bullying y señalización online, de aumento de discursos de odio y polarización contra el colectivo, o de organización de agresiones, todos forman parte de una cultura de contestación que quizá no existiría tan fuertemente si no fuera por el anonimato y la ocultación detrás de las redes sociales (ver Lozano-Blasco y Soto, 2021).
Barreras de edad, discriminación y alfabetización digital afectan la interacción con las redes sociales. Además, la mercantilización y la cultura de la belleza (casi siempre edadista) pueden contribuir a sentimientos de insuficiencia o comparación, exacerbando los problemas de salud mental. A pesar de estos desafíos, las redes sociales siguen siendo una herramienta valiosa para que las personas mayores del colectivo encuentren una comunidad, compartan recursos y amplifiquen sus voces en el panorama digital.
Por último, muchas apps de ligue o socialización que se dirigen a edades más avanzadas están dirigidas casi exclusivamente a mayores gays. Parece como si no hubiera demandas de esas apps de otras partes del colectivo, como mayores lesbianas o mayores trans. Esto es significativo: la reproducción de este estereotipo es muy propio de quiénes reciben más visibilidad también en la vida analógica.
En esta página se pueden constatar estas dimensiones, al menos para apps en el mundo anglosajón.