En el imaginario imperante sobre sexualidad y relaciones afectivas, marcadamente sexista y también edadista, las personas mayores son consideradas como personas sin sexualidad, sin deseo y sin otros vínculos afectivos que aquellos relativos a la familia consanguínea. Es cierto que muchas personas LGTBI que han alcanzado la vejez en los últimos años experimentan agobio por su aislamiento, rechazo y ausencia de deseo, pero las experiencias no son siempre negativas, al contrario. Hay modelos de relacionalidad que, contrariamente a lo que piensa la inmensa mayoría, rebaten esos sentimientos.
Primero, pensemos en el grupo al que se dirige una tienda de juguetes sexuales, y entenderemos los prejuicios contra los cuerpos mayores: normalmente, el perfil de consumidor de esos productos, independiente de su orientación sexual o identidad de género, es un cuerpo hábil, funcional y, sobre todo, joven. La mayoría de las veces parece que no interesa un perfil mayor, y ahí es donde habría que examinar los siguientes sesgos:
- la supuesta falta de sensualidad
- la supuesta falta de deseo sexual
- los supuestos problemas de salud
- el hecho de que no suelen participar de espacios “hedonistas” como bares, discotecas etc.
- la presunta falta de energía
- la idea de que las personas mayores están más interesadas en otras actividades solitarias
Mucha gente puede haber experimentado la ocultación o represión de su orientación o identidad, debido a presiones sociales, lo cual, frecuentemente, puede dar como resultado un retraso en la exploración o aceptación de su vida sexual, respecto a la población cisheterosexual. Teniendo esto en cuenta, a medida que las personas envejecen, pueden encima enfrentar barreras adicionales para formar o mantener relaciones afectivo-sexuales, incluido el acceso limitado a espacios sociales, disparidades en la atención médica y la pérdida de parejas o redes de apoyo.
Además, la intersección del envejecimiento y la identidad LGTBI puede generar una reflexión sobre las relaciones pasadas, las experiencias de salida del armario y el carácter cambiante del deseo sexual y la intimidad, lo que remueve sentimientos de pertenencia y abandono, sociabilidad y frustración, aprobación y no-reconocimiento.
Promover conversaciones abiertas y honestas sobre la sexualidad, la intimidad y el envejecimiento dentro de las comunidades LGTBI y la sociedad en general es un reto muy pendiente. Por más que en las grandes ciudades hemos avanzado en materia de conversaciones abiertas sobre esos temas, siguen siendo tabú en muchos sitios, además de ser diálogos que, en general, no contemplan a las personas mayores. Talleres de sexología, habilidades emocionales y sensaciones, o de sensibilización corporal, por ejemplo, pueden facilitar a la gente una nueva perspectiva sobre su cuerpo, y hacer replantear su intimidad bajo nuevas miradas.
La intimidad tiene un significado multifacético para las personas mayores LGTBI, ya que abarca la conexión emocional, el afecto físico y la cercanía relacional que puede afectar profundamente el bienestar y la calidad de vida. Para mucha gente, la intimidad puede representar una fuente de disfrute, conexión con lxs demás y liberación. Sin embargo, lxs mayores LGTBI pueden encontrar barreras para la intimidad, incluido el miedo al rechazo o al juicio, el acceso limitado a espacios sociales afirmativos y desafíos relacionados con el edadismo o problemas de salud que afectan la función o el deseo sexual.
Además, la intersección de la identidad LGTBI y el envejecimiento puede impulsar una reevaluación de las necesidades y deseos de intimidad, llevando a las personas a buscar conexión, compañía e intimidad de maneras alternativas y significativas. En este sentido es importante crear y participar en entornos que celebren diversas expresiones de intimidad y apoyen a las personas a navegar sus viajes relacionales únicos con dignidad, respeto y comprensión. Es un primer paso para eliminar estigmas y prejuicios, y descubrir o redescubrir el deseo, el cuerpo y la vivencia de sexualidad durante el envejecimiento.
Por último, no hay que perder de vista cómo se nos ha educado sobre relaciones en un contexto cisheteropatriarcal, procreativo y monógamo. Eso significa que varias ideas preconcebidas siguen muy permeadas, y que es difícil marcar vías distintas. El consentimiento, por ejemplo, es un concepto difícil tanto de aplicar como de investigar en poblaciones mayores del colectivo. No hay que perder de vista que patrones de violencia pueden perpetuarse también entre miembros de la comunidad LGTBI, y que existe un tabú enorme respecto a comunicarlos, además de una enorme dificultad siquiera en reconocerlos. Investigaciones sobre violencia intragénero nos avisan de la creciente visibilización de aquellos casos donde las sexualidades disidentes son también proclives a reproducir violencias.
Para más información sobre violencia intragénero
¿Quieres participar en una investigación sobre violencia intragénero en el colectivo LGTBI mayor? Puedes participar mediante un cuestionario en este enlace. Recuerda que tu participación es fundamental para obtener datos y poder realizar informes que arrojen luz sobre estos temas tan invisibilizados todavía hoy.