Las relaciones familiares en personas LGTBI plantean preocupaciones y desafíos importantes que, a menudo, surgen de sortear el estigma, el rechazo y las discriminaciones sociales. Muchas personas del colectivo pueden tener relaciones tensas o distanciadas con miembros de su familia biológica o consanguínea, debido a experiencias pasadas de rechazo, discriminación o falta de aceptación por su orientación sexual o identidad de género.
Este rechazo puede resultar en sentimientos de aislamiento, soledad y falta de apoyo, particularmente a medida que las personas envejecen y enfrentan una mayor vulnerabilidad. Además, la falta de reconocimiento legal en muchas jurisdicciones de las estructuras familiares elegidas puede agravar aún más estos desafíos, dejando a las personas mayores LGTBI+ sin las protecciones legales, el apoyo financiero o las redes de cuidado que normalmente se ofrecen a las familias tradicionales. El miedo a enfrentar discriminación o maltrato por parte de familiares biológicos o proveedores de atención médica también puede disuadirlas de buscar apoyo o revelar sus identidades.
Navegar por las relaciones familiares como persona mayor LGTBI requiere navegar por dinámicas complejas de aceptación, rechazo y construcción de una familia elegida mientras se lidia con traumas pasados y el estigma social. En algunas ocasiones, los vínculos adquiridos buscan reconstruir o redefinir las relaciones familiares rotas. Sin embargo, no todas las familias de origen reaccionan con rechazo, y tener presentes los contraejemplos de aceptación puede transformar también los paradigmas sociales o, al menos, agitar el debate público sobre la construcción de la familia en direcciones interesantes y novedosas.
Un apunte: como familia elegida puede entenderse efectivamente una familia propia, un matrimonio entre personas del mismo género, una adopción de personas LGTBI progenitoras, etc., siguiendo la lógica institucional de las parejas heterosexuales; o una familia en un sentido extendido. En este segundo caso, hablamos de lazos que no tienen o no buscan un reconocimiento legal para establecerse como tales, pero que sí funcionan como sustitutivos de otras relaciones.
Con todo, al reconocer los desafíos y fortalezas únicos de lxs mayores LGTBI al navegar las relaciones familiares, hay varias formas de actuación. Por un lado, la sociedad puede trabajar para fomentar entornos inclusivos y de apoyo donde todas las personas puedan encontrar pertenencia y afirmación, independientemente de sus vínculos familiares. Por otro, es necesario ampliar nuestras percepciones de lo que constituye una “familia”. Incluso hay voces más queer que optan por abolir la institución de la familia por su marco opresivo (al menos, combatir su obligatoriedad), y cambiar la forma de crear vínculos.