Un círculo de amistades fuerte es indicador de bienestar y un factor protector de adversidades, como la soledad no deseada, los problemas de salud tanto física como mental, u otros problemas de socialización. Sin embargo, no es siempre factible mantener lazos tan profundos. Además, envejecer a veces implica cierta rigidez: hábitos, horarios, formas de hacer las cosas y de pensar, se consolidan a tales niveles, que es difícil negociar sobre ellos. Eso hace que no sea fácil adaptarse a los gustos y las actividades de otras personas, y puede conducir a un mayor aislamiento.
La falta de pertenencia es un sentimiento muy generalizado y compartido en la vejez. Curiosamente, este sentimiento es bien conocido entre los miembros de la comunidad LGTBI. Dentro del colectivo, las amistades se suelen revalorizar, y salir de los cánones sociales. Ex parejas pueden transformarse en amigas, proyectos familiares que salen de las normas nucleares reconfiguran las relaciones de las partes implicadas, y se rompe con la idea de que la intimidad solo incluye a dos personas comprometidas mediante un matrimonio. De todas estas cuestiones se fue informando la propia mayoría cis-heterosexual, que ahora parece querer imitar las formas alternativas de relacionarse (vínculos horizontales, empatía, ausencia de linaje, despreocupación por normas e ideales religiosos etc.).
En este vídeo Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre, comenta que durante muchos años, los únicos espacios de socialización para la gente mayor del colectivo, sobre todo para los hombres gays, eran los espacios de cruising, los cuartos oscuros, o demás lugares “de ambiente” pero que no gozaban de “buena fama”. No había espacios de comunicación y participación más allá de la clandestinidad, y eso definió la forma en la que se establecían las relaciones.
Los bares de ambiente fueron un punto fundamental de encuentro, de referencia y de protección de la hostilidad de la sociedad hegemónica. Poco a poco, algunos barrios de los centros urbanos se convirtieron en nichos del colectivo, al principio con la mala fama de los márgenes, la oscuridad, el mundo de las drogas y del trabajo sexual (“guetos”), y seguidamente con una creciente visibilidad como espacios propiamente lúdicos. Los escenarios eran también mundos paralelos, donde se permitían expresiones de género alternativas, pero sobre todo encuentros fortuitos u organizados entre personas con las mismas preocupaciones, aspiraciones y experiencias vitales (Olmeda, 2005).
Muchos miembros del colectivo han encontrado en la cultura popular y también underground una forma de relacionarse y comunicarse con el mundo. Partes o reapropiaciones de esas culturas han supuesto un refugio en el que salvarse y una forma de identificación que, muchas veces, no se encuentran en la vida cotidiana. Se trata de una mirada compartida que, a lo largo de los años, ha creado también comunidad, un lugar de entendimiento. Las canciones liberadoras de las divas pop, la copla, las actuaciones subversivas en las películas y las obras de teatro, los personajes con dobles lecturas, los textos literarios rompedores… siempre han sido formas de sentir que pertenecemos. Si bien hoy en día se popularizan multitud de artistas del colectivo, eso no quiere decir que en períodos anteriores no hubiera referentes o reflejos en artefactos culturales. De hecho, afirmar, como se hace en algunos foros, que “antes no había referentes”, invalida las experiencias culturales de nuestros mayores, que fueron distintas, muchas, muy ricas y variadas.
A través de las décadas, fuimos ganando legitimidad en el espacio público por tener esas referencias presentes, por aprenderlas de corazón, por imitarlas, por ver nuestro reflejo en ellas o participar de las mismas.
Hace tiempo que nuestras amistades no son solo los álbumes, las películas y los libros. Muchas personas formamos parte de esta gran comunidad que comparte elementos culturales y se reconoce en ellos. La amistad es un vínculo-soporte para compartir todo lo que nos ocurre, profundo, sencillo, complejo o simple, además de una oportunidad para ejercer la escucha y la empatía. Es relevante mantener un grupo donde desplegar la camaradería, y también es importante recordar que nunca es tarde para integrarse en uno nuevo.