Los afectos son un campo muy importante por valorar, si queremos atender la salud mental del colectivo LGTBI mayor. Las formas de rebatir el creciente individualismo, las crisis de los cuidados, o el estigma persistente, no son ni predeterminadas ni compactas ni aplicables a todo el mundo.
Algunos puntos de atención son los siguientes:
Gestión del aislamiento: una perspectiva más amplia de la soledad, que no la vea solo en su dimensión médica, pero sobre todo en la ética, es indispensable. Hay soledades emocionales, sociales, existenciales, interseccionadas, y cada una requiere una respuesta diferente. Un retiro es una búsqueda activa de aislamiento, que se tiene que respetar igualmente, pero no cuenta con los mismos componentes emocionales que un aislamiento forzado.
Prevención del aislamiento: Factores como el estigma, la discriminación, la pérdida de redes de apoyo social y la escasez de conexiones familiares se pueden rebatir a través de planes de socialización. Es esencial brindar oportunidades para la interacción social, como centros comunitarios afirmativos, grupos de apoyo y eventos sociales diseñados para adultos mayores. La Fundación 26 de Diciembre cuenta con talleres de canto, teatro, ópera, lectura o lenguas, cinefórum, actividades como juegos de mesa, escritura creativa, grupos no mixtos, que se pueden consultar en el siguiente enlace:
Desarrollo de resiliencia: la resiliencia es crucial para afrontar la adversidad y mantener el bienestar emocional. A veces se considera un término problemático, por querer echar toda la responsabilidad de adaptación a la persona, sin darse cuenta de que es el sistema el que tiene que cambiarse para adaptarse e incorporar a las personas excluidas (Argyriou, 2022). Alentar a las personas mayores LGTBI a aprovechar sus fortalezas, mecanismos de afrontamiento y experiencias pasadas de superación de desafíos puede no solo ayudar a ellas mismas, sino concienciar a la sociedad de las violencias históricas. Además, brindar acceso a recursos de salud mental, servicios de asesoramiento y apoyo de pares puede ayudar a desarrollar habilidades sociales y emocionales.
Construcción de redes: tejer redes de amistad, acompañamiento, escucha activa, cuidado y atención es esencial para las personas. Crear conexiones intergeneracionales dentro de la comunidad brinda oportunidades de tutoría, compañerismo y apoyo mutuo. En nuestra Fundación, ese tipo de relaciones se entienden de forma horizontal y se fomentan mediante procesos y actividades orgánicas y transversales. Las organizaciones sociales y grupos activistas facilitan la formación de estas redes, pero en ello tiene que implicarse también todo el tejido social, incluida la mayoría cisheterosexual.
Expresar sentimientos negativos: es importante crear espacios seguros para expresar sentimientos negativos, como tristeza, enojo, ira, miedo, desolación, decepción o frustración. En una sociedad donde no solo no se apremia sino que se perjudica incluso la manifestación de emociones negativas, fomentar la comunicación abierta y validar los relatos de las personas sin juicios puede fomentar el bienestar emocional y un equilibrio sentimental a largo plazo.
Brindar acceso a profesionales de la salud mental con habilidades y conocimientos sobre cuestiones LGTBI puede ofrecer apoyo adicional para procesar y expresar esos sentimientos negativos. Sin embargo, a la par hay que trabajar de forma colectiva para quitar las expectativas de falsa positividad que arrastramos como sociedad (no todo es happycracia, consultar Cabañas e Illouz, 2018).
Sensibilidad cultural: reconocer la interseccionalidad de las identidades dentro de la población de edad avanzada LGTBI (incluidas la clase, el origen étnico, la religión y la diversidad funcional) no ha sido tarea fácil. Para arrojar luz sobre este tema podríamos decir, grosso modo, que a la hora de imaginarnos al ciudadano, a este “sujeto de derechos” (figura supuestamente neutra y universal), en realidad lo concebimos como un varón blanco, adulto, funcional, cisheterosexual con situación administrativa regular. En este sentido, cada persona que, por sus condiciones dadas, se vaya distanciando de este modelo o patrón, irá experimentando situaciones de desigualdad, también progresivas, que afectan a todas las esferas de la vida, tanto las públicas como las privadas.
Finalmente, lo único cierto es que el ideal absoluto de persona que regula perfectamente sus afectos es eso: un ideal, y como tal ideal, una falacia. Lo importante es convivir y tener las herramientas adecuadas para compartir con las demás personas de forma segura y saludable. Esto es clave para nuestra salud mental. Y adaptar los servicios de apoyo para que sean culturalmente sensibles e inclusivos de diversas identidades puede ayudar a abordar las necesidades emocionales únicas de las personas dentro de la comunidad.