La noción de comunidad es fundamental para las personas LGTBI. Nuestras identidades, deseos y trayectorias vitales difieren de forma significativa, pero por las formas de que nos excluyan, por el tipo de bullying y de discriminación que recibimos, así como por las sinergias y estrategias de superación que activamos, compartimos un espacio común. A veces, el imaginario colectivo tiende a ver a la comunidad LGTBI como un ‘cajón de sastre’, donde ya cabe cualquier cosa que no es ‘normal’ para él, o de forma diametralmente contraria, como una entidad muy rígida e indiferenciada. Incluso dentro de la propia comunidad, existe la sensación de que las voces y las demandas son muy distintas. En los últimos años, hemos visto surgir desigualdades y choques entre varios grupos identitarios y sociales dentro del colectivo. Sin embargo, nuestra exclusión solo se puede rebatir y contestar de forma organizada, colectivizando saberes y malestares. Nuestra manera de crear y sostener ‘la comunidad’ es importante que sea fluida, y no restringida por categorías y definiciones rígidas.
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