El fomento de la tolerancia hacia la gente LGTBIQ. Para muchas personas del colectivo, el término suena apolítico o falto de dimensiones de poder. Atribuir las identidades y deseos de la comunidad a una mera variedad o heterogeneidad natural puede resultar peligroso, cuando no se tiene en cuenta que en la mayoría de las ocasiones, lo diverso es concebido como lo que sale de la norma, lo raro, lo diferenciado, y ahí sí que opera una implícita distancia de poder. Cuando las empresas hablan de inclusión y diversidad, o de reconocer nuestras diferencias, a menudo exotizan a “lo otro” o ven la sexualidad y la identidad y expresión de género como un mero añadido. En realidad, se trata de un eje transversal, que debería leerse bajo una mirada compleja, interseccional.
Daniel Bernabé considera la diversidad una trampa neoliberal, y hace una crítica a las izquierdas actuales por haber sustituido, según él, la noción de clase por la de identidad; de haber dispersado las luchas de la clase trabajadora y, en su lugar, haber fomentado lógicas identitarias que dividen más las causas sociales. Lo que obvia esta lectura es que la idea de la diversidad en sí no es mala; y que no se ha transformado de repente a neoliberal, al menos no más que otros valores. La acción colectiva es un reto para nuestra comunidad, que no por aglomerar tantos acrónimos, se ha individualizado o despolitizado.