Se trata de todas aquellas dinámicas que facilitan la exclusión y marginación de las personas LGTBI. Los riesgos para dicha exclusión son múltiples y están entremezclados. Especialmente para la gente mayor, el problema es aún más grave, ya que a menudo los vínculos familiares están cortados o inexistentes, o no se cuenta siempre descendencia propia. La imagen de personas mayores abandonadas, que acaban muriendo solas y sin que nadie se haya dado cuenta, impregna el imaginario social muy a menudo. En multitud de ocasiones, la responsabilidad del aislamiento recae de forma desproporcional a las personas que lo padecen, de modo que parezca que son ellas las que eligen marcar su distanciamiento, y no la sociedad la que deliberadamente ordena la exclusión. Trabajar con el entorno, fomentar la inclusión y ofrecer recursos y redes de apoyo son estrategias para delimitar los efectos del aislamiento.
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