El principal reto de salud concerniente a nuestro colectivo son las crecientes desigualdades, debidas al elevado número de factores de riesgo, en combinación con otras intersecciones asociadas a la identidad LGTBIQ. Muy a menudo, las personas renuncian a ser vistas como dependientes, mientras que otras no se consideran merecedoras de ser cuidadas. El cuidado es un trabajo altamente feminizado, que en las últimas décadas se asume cada vez más por centros de día, servicios residenciales y profesionales de enfermería especializados; con lo cual hay mucha carga en su empeño, y a menudo se renuncia a ejercerlo. De los desafíos más grandes actualmente es volver a plantear cuidados desde la interdependencia, sin ceder plenamente las funciones a inteligencias artificiales ni perder de vista las complejidades de nuestra comunidad.
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